Para mejorar los resultados académicos, es importante desarrollar también habilidades no cognitivas. La perseverancia, la apertura mental o la capacidad para controlar el propio aprendizaje potencian las buenas notas. Educar este tipo de habilidades supone, además, una gran ventaja en el mundo laboral.

Hay cinco habilidades que contribuyen al éxito académico de los estudiantes:

  • Comportamiento académico. La manera de conducirse que muestra el alumno ante los estudios refleja su compromiso y su capacidad de esfuerzo. La responsabilidad que toma hacia sus tareas académicas será determinante para conseguir buenos resultados.
  • Mentalidad académica. Las actitudes y creencias que cada estudiante mantiene sobre su trabajo y sus capacidades también son clave en el desarrollo de su aprendizaje. Una adecuada estabilidad emocional sentará las bases de los logros.
  • Esta capacidad es necesaria para superar obstáculos y distracciones que surgen a la hora de llevar a cabo el trabajo académico.
  • Estrategias de aprendizaje. Hay tácticas que se emplean para ayudar a los estudiantes a recordar, pensar y aprender. Es fundamental desarrollar una apertura mental para poder integrar los nuevos conocimientos de manera efectiva.
  • Habilidades sociales. La afabilidad es una de las actitudes que permite que el estudiante interactúe con sus compañeros de forma positiva y productiva, lo que repercute en la efectividad del aprendizaje.

Potenciar las habilidades no cognitivas

Las estrategias para fomentar el desarrollo de las habilidades no cognitivas (non-cognitive skills) se centran en tres tipos de acciones, en función de la intervención de los docentes y de los estudiantes.

  • Actividades dirigidas. Para que los alumnos consigan adquirir las non-cognitive skills, también se requieren actividades en las que intervenga el docente. Puede elaborarse un plan en el que se incluyan lecturas en voz alta, charlas sobre libros, ejercicios en los que se potencie la asertividad, la resolución de conflictos, la gestión de las emociones, la conciencia social… Además, se puede plantear un problema y su resolución, y animar a que los jóvenes evalúen la solución y propongan nuevas formas de resolver la situación propuesta.
  • Actividades inducidas. Los docentes y educadores preparan el entorno para proporcionar a los estudiantes la oportunidad de poner en práctica distintas habilidades. Por ejemplo, se puede crear una comunidad de aprendizaje en la que se fomente la escucha, se respete el derecho a participar o a no participar y se desarrolle el respeto mutuo.
  • Actividades autoguiadas. También es necesario que los alumnos realicen tareas en las que la intervención de un profesor no sea imprescindible, que puedan completar por ellos mismos. Por ejemplo, un espacio de actividades on-line en el que se fomente ciertas capacidades con la ayuda de incentivos como la gammificación, los ránkings o las insignias que premian la consecución de un reto.

El panorama educativo se está transformando. Las clases magistrales en las que un profesor expone y los alumnos escuchan con actitud pasiva es historia. Hay nuevas técnicas de aprendizaje que requieren la participación activa de los estudiantes. Es necesario que el aprendizaje contemple el desarrollo de capacidades no cognitivas y que se haga un esfuerzo común para acabar con el fracaso en la educación.