Empezar a hablar de arquitectura con los profesionales de la misma es entrar en terreno farragoso. Todos tienen historias de compañeros que escogían estudio y ahora se ven obligados a dejar la profesión, sobre obras paradas y concursos públicos a los que presentan cientos y cientos de proyectos, de salarios bajos tras años dedicándole horas y horas a su formación.

Y es que según los últimos datos facilitados por el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España, el paro estimado en este oficio está en un 50% y el volumen de proyectos ha descendido más de un 90% respecto al de hace cinco años. Con unos 60.000 arquitectos colegiados y las universidades lanzando a un mercado laboral exiguo unos 3.000 jóvenes por curso, el futuro de esta profesión en un país que construyó durante de la explosión inmobiliaria tantas casas como Francia, Alemania e Italia necesita una bocanada de aire fresco.

“Yo siempre digo que es el momento de poner orden”, aconseja José Antonio Granero, decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, “en España hay más de seis millones de viviendas con más de 50 años, zonas que regenerar, hay que mejorar la calidad de vida y gestión de las ciudades, hay barrios con pocos equipamientos… y eso es algo en lo que vamos a trabajar muchos arquitectos”. “El error es pensar que el arquitecto solo proyecta y dirige obras”, advierte, “y son las nuevas generaciones, los menores de 35 años, los que han ido ocupando estas nuevas posiciones”.

Granero explica que el arquitecto formado en España está muy valorado fuera de las fronteras del país debido a que recibe una formación superior a sus equivalentes europeos, al combinar la carrera hispana lo que serían los estudios continentales de ingeniería civil y arquitectura. “Aunque sin duda” emigrar “es una oportunidad extraordinaria, también es increíblemente doloroso ver como todo ese capital humano se va fuera de España y probablemente no vuelva”. “Tenemos que generar un futuro para estos profesionales”, reflexiona.

Salir al extranjero es también uno de los consejos que da José Moragues, premio extraordinario fin de carrera 2005 y, en sus palabras, un “afortunado” que vive de la arquitectura desde el año 2008. El otro consejo, que también recomienda el decano Granero, es la especialización. “En lugar de proyectar de todo dedícate solo a hacer restaurantes”, ejemplifica Moragues.

Moragues ha escogido el camino de la arquitectura bioclimática. “Esto es todo lo que tiene que ver con la eficiencia energética y el buen diseño del edificio para contaminar menos”, explica, “y claro, no me digas ahora a mí que me ponga a hacer casas de todo lujo sin tener en cuenta estas cosas, ya que iría en contra de lo que yo estoy apostando”.

La falta de ética es uno de los problemas que Daniel Acevedo, parte de los 30.000 estudiantes que cursan arquitectura actualmente, ve en su futuro oficio. Matriculado en la universidad de A Coruña, pone como ejemplo la construcción en la ciudad gallega de siete centros comerciales en los últimos años. “De la gente que ha acabado de 3 años hasta ahora”, explica aclarando que es su punto de vista y lo que él conoce, “prácticamente nadie ha podido abrirse camino con la idea tradicional de arquitecto, con su estudio, sus concursos”. “Incluso grandes estudios de mis profesores están parados”, y sentencia, “veo el estado de mi profesión en decadencia”.

El joven Moragues quiere resaltar que entre los motivos de la mala situación de la profesión no puede negarse que los arquitectos también tienen gran parte de culpa. “Nosotros no somos tontos y vemos si se está produciendo un abuso”, explica, habiendo aclarado previamente que él en esa época estaba haciendo un máster y por lo tanto no se aprovechó, “pero nadie dijo nada y todos chuparon del bote hasta que no hubo más miel”.

“Eso me parece radicalmente injusto”, contesta el decano Granero a la adjudicación a su gremio de parte de la culpa, “se ha trabajado con responsabilidad”. “Plantear que sea el arquitecto el héroe que se planta ante el promotor es injusto”, asegura, “es una burbuja financiera y nosotros no hemos especulado, sino que hacíamos nuestro trabajo y llegábamos hasta el final”.

“Como en todas las profesiones hay gente que ha hecho las cosas mal”, concede Granero, “pero hay a muchos arquitectos a los que se le pide y se les paga gato y dan a cambio una liebre”.