Estudiando nos enfrentamos a veces con un tema difícil que no llegamos a comprender del todo por más que lo leemos una y otra vez. Los mapas mentales pueden ayudarnos a desenmarañar conceptos y comprenderlos mejor. Esta técnica está basada en la forma en la que el cerebro trabaja de manera natural para asimilar conceptos. El método permite que todo el cerebro esté implicado en el pensamiento porque utilizamos nuestras habilidades tanto lógicas como creativas. Estos esquemas nos ayudan a organizar el pensamiento, a relacionar ideas, planificar y finalmente a repasar de un vistazo la información que queremos retener una vez realizado.

Nos ponemos manos a la obra. Es importante en este punto hablar de las bondades de los artilugios analógicos. Lápices de colores, rotus, marcadores y papel en blanco. Estos elementos facilitan el fluir del pensamiento porque actúan casi como un mantra y no nos distraen como puede hacerlo una pantalla conectada a Internet. Mientras nuestra mano dibuja, el pensamiento va fluyendo.

¿Cómo hacer un mapa mental?

La idea central

La idea sobre la que quieres profundizar es el punto de partida de tu mapa mental. En la parte central de nuestro lienzo debemos colocar el concepto o tema sobre el que queremos investigar. Acompáñala de un dibujo que represente gráficamente la idea y personalízala para que tenga sentido para ti.

Ramificaciones

A partir de este núcleo sacaremos ramificaciones. Ilustran las ideas secundarias o las fases de nuestro tema. Estos trazos serán los más gruesos. Conforme vayamos especificando y concretando las ramas serán más finas. Con cada rama que añades a tu mapa mental, debes poner una palabra clave. Es importante no delimitar la idea concretando con muchas palabras en este paso. El uso de una sola palabra permite desencadenar más asociaciones un nuestro cerebro. Escrito y/o mejor, dibujado.

Dar color

Utilizar colores en los mapas mentales ayuda a distinguir las diferentes ideas. Permite categorizar, agrupar y señalar las que son similares. El cerebro lo percibe menos aburrido. Los trazos curvos también estimulan más el cerebro que las líneas rectas.

Dibujar

Las imágenes son capaces de permanecer por más tiempo en nuestro cerebro. Pensamos con imágenes, no con palabras. Los dibujos son capaces de desencadenar asociaciones de ideas. Nuestro cerebro responde mejor a los estímulos visuales. Y ya sabes, una imagen vale más que mil palabras.

No es necesario que sepas dibujar muy bien. Dibuja sin precisión, de forma esquemática y con la primera idea que se te pase por la cabeza. Pasar mucho tiempo perfeccionando tu dibujo puede despistarte de lo que estabas tratando de aprender. Si las imágenes son exageradas ayudan a retenerlas en la memoria. Utiliza un papel horizontal y en blanco preferiblemente, que te haga sentir libre. Combinando las palabras más las imágenes se consigue un grado de retención superior.

Los mapas mentales son personales e intransferibles. Puede parecer que lleva mucho tiempo pero durante el proceso tu cabeza está absorbiendo y asociando ideas que permanecerán en el cerebro mucho tiempo después. Las asimila a un nivel más profundo. Además, evita que después tengas que releer las notas una y otra vez. De un vistazo tienes toda la información que tú mismo te has encargado de jerarquizar, subrayar y dibujar. Si ves que se te atasca algún tema: venga, coge un folio, los lápices de colores y ¡a dibujar!