Durante la presentación del Estudio anual sobre la evolución social y del empleo en Europa (ESDE), la comisaria de Empleo de la Comisión Europea hizo unas declaraciones alarmantes sobre el futuro que les espera a los jóvenes de hoy en día. “Es posible que los jóvenes de hoy y sus hijos acaben teniendo una situación peor que la de sus padres”, fueron sus palabras. Ya solo en el presente el 35% de los jóvenes autónomos españoles está en riesgo de pobreza.

El informe muestra que, a pesar de que los datos registran una mejora del nivel de vida, este progreso no se nota en los jóvenes como en las generaciones de mayor edad. Cada vez son menos los jóvenes que pueden participar en las rentas del trabajo y sus aportaciones son más pequeñas. Por otro lado, su situación no favorece la natalidad, tienen menos hijos y más tarde. La sostenibilidad del bienestar social se verá seriamente afectada en unos años. Tal como apuntaba la comisaria Marianne Thyssen, “es necesario actuar con rapidez”.

¿Son autónomos o trabajadores sin derechos disfrazados de autónomos?

En España los medios se han hecho eco de un dato del estudio ESDE especialmente perturbador. Más de un tercio de los jóvenes autónomos está en riesgo de pobreza. La situación de los autónomos más mayores está lejos de ser ideal —el 23% de los autónomos españoles de entre 40 y 64 años está en riesgo de pobreza—, pero supera en 12 puntos la situación de los de 25 a 39 años.

Según el estudio, la causa que explica esta brecha tan pronunciada es el estatus del autónomo dependiente o falso autónomo. No es lo mismo, sin embargo es significativo que el estudio los equipare. Lo que pretende señalar es que ambas soluciones sirven al mismo propósito: ahorrarse el coste de un empleado.

Muchos jóvenes consiguen trabajar gracias a hacerse autónomos y depender por completo de un cliente que solo paga por sus servicios, y que es quien le propone esa forma de relación laboral. En el mejor de los casos, el de los autónomos dependientes, tienen algunas ventajas: derecho a paro si el cliente incumple, unos días de vacaciones (que correrán por su cuenta, no son vacaciones remuneradas) y se firma un contrato.

En el caso de los falsos autónomos la situación es tan precaria como la de dedicarse en exclusiva a un cliente y que tus ingresos dependan solo de él. Cuando no te necesite, simplemente te deja de llamar y se esfuma cualquier sustento hasta que encuentres nuevos clientes.

En los dos casos, el pago de las cuotas a la Seguridad Social corre por cuenta del joven autónomo, un joven que se ve abocado a esta precaria situación. Tan precaria, tan extendida y tan evidente que hace saltar las alarmas, en este caso, de organismos como la Comisión Europea.

Falsos autónomos

La temporalidad, otro caballo de batalla frente al empleo precario en los jóvenes

Desde el comienzo de la crisis el empleo precario ha ido en aumento. La Comisión Europea nos ha llamado la atención en otras ocasiones, no es esta vez la primera. Este mismo año alertó del uso generalizado de la contratación temporal en España por tener la segunda tasa más alta de temporalidad de la UE, solo superada por Polonia.

Por supuesto, los jóvenes son los primeros en recibir el impacto de esta práctica. Según el estudio ESDE, al 16,3% de la media de jóvenes europeos de 25 a 39 años se les aplica un contrato temporal. Este porcentaje se reduce 8 puntos (al 7,9%) en el caso de trabajadores de 40 a 64 años.

Estos datos indican de nuevo una brecha significativa que tiene que ver con la edad. Tal como señala el informe, hay indicadores de recuperación del empleo; sin embargo, la situación de nuestros jóvenes es preocupante y la conclusión es que se deben tomar medidas para paliar el empleo precario y conseguir una mayor estabilidad que redundará en el bienestar social de todas las generaciones.