Al inicio del verano, se aumentan las contrataciones, las cifras del paro suelen ser positivas y hay en general un ambiente optimista. Pero llega el final de la temporada estival y la sonrisa se tuerce un poco. Agosto suele ser un mes en el que aumentan considerablemente los despidos y la temporalidad de los contratos se hace evidente.

De los contratos que se llevaron a cabo en julio, el 37,5% duraban un mes. Se firmaron unos 1,7 millones, pero los indefinidos no llegaron ni a 90.000, lo que quiere decir que el 95% de la contratación era temporal. Esto explica cómo se pueden dar días como el 31 de agosto, en el que perdieron el empleo 282.000 personas.

Pero la temporalidad no es una cuestión que afecte solo al verano. Hay un claro aumento que incide notablemente sobre la calidad del empleo. Según datos oficiales, en el segundo trimestre de 2014, el porcentaje de empleo temporal era del 24%; en el mismo trimestre de 2015, este porcentaje subió al 25,1%, y los últimos datos de la EPA del mismo periodo de este año muestran que ha aumentado aún unas décimas más, hasta el 25,7%. Con respecto a la Unión Europea, la tasa española está casi 12 puntos por encima, es una de las más altas de la eurozona.

Datos positivos sobre la calidad del empleo

En uno de los capítulos del Informe Infoempleo-Adecco, Consuelo Abellán, de la Universidad de Oviedo, y Florentino Felgueroso, de Fedea, estudian la evolución de la ocupación y de las horas de trabajo.

Según su análisis, el número de horas trabajadas cayó durante la época de crisis hasta un 18%. En 2012 esta cifra llegó a descender incluso por debajo del número de ocupación, es decir, la gente que trabajaba hacía menos horas. En los últimos dos años el porcentaje de horas ha aumentado hasta el 22%.

Por otro lado, este capítulo del Informe indica que se puede analizar la evolución del empleo teniendo en cuenta los trabajadores pluriempleados. Tienen dos jornadas y, por tanto, mayor inestabilidad. Las diferencias entre la evolución del número de ocupados y las horas de trabajo efectivas se explican por el aumento de la tasa de incidencia de tiempo parcial. Esta tasa pasó del 11% al 16% durante los peores años de la crisis hasta que se estabilizó y ahora ha caído ligeramente y se sitúa en el 15%.

Otro indicador de la estabilidad de la jornada es la tasa de empleo. Mide el porcentaje de personas ocupadas sobre la población de una determinada edad y esto da la posibilidad de precisar la cantidad de trabajadores que realizan una jornada completa. Según los datos del primer trimestre de 2016, el promedio anual de la tasa de empleo equivalente a tiempo completo para las personas de 20 a 64 años se situó en el 53,3%. Esta cifra está aún 7 puntos por debajo de la época precrisis. El dato positivo es que en los dos últimos años ha aumentado 3,5 puntos porcentuales.

A pesar de estos datos que ofrecen un panorama más amable, las altas cifras de temporalidad representan una sombra que acompaña a la recuperación del empleo. No solo hay que tomar medidas para el aumento de la contratación, también debe contemplarse la estabilidad de los trabajadores si no se quiere perpetuar la precariedad laboral de la época de crisis.