Lourdes Bazarra y Olga Casanova son dos expertas en formación a las que les respalda una trayectoria consolidada en el sistema educativo convencional. Lo conocen desde dentro y saben que debe sufrir una gran transformación para adaptarse a las exigencias de estos tiempos y empezar a crear las escuelas el futuro.

A estas docentes les une una vocación conjunta: acompañar a las instituciones y los centros de aprendizaje a afianzar los primeros pasos en este cambio. Esta misión les llevó a crear Arcix Formación, una consultora especializada en la formación para directivos, profesores, equipos educativos y padres.

La escuela ya no es un lugarEntre las dos han escrito varias publicaciones que son referentes para la inclusión de nuevos modelos educativos en la escuela, y han editado prácticos manuales sobre los distintos procesos necesarios para transformar un centro. Hablamos con ellas de su última publicación, La escuela ya no es un lugar, y del cambio que dejará atrás las metodologías que se queden obsoletas.

Comencemos por la idea que da título a vuestra publicación. En el mundo de hoy en día ¿por qué la escuela ya no es un lugar?

Vivimos inmersos en un importante big bang educativo que está redefiniendo el concepto y los espacios de aprendizaje. En ese cambio, la escuela ya no es un lugar. Es una nube, un libro tridimensional. Un espacio expandido más allá de los muros que la han estado dibujando. La escuela ya es un paisaje que nos acompaña a lo largo de la vida.

Pero esto no casa con las metodologías educativas que estamos acostumbrados a ver, ¿qué es lo que falla del sistema educativo convencional? ¿Por qué el alumnado permanece desmotivado?

El sistema educativo que hemos conocido ya no responde a las necesidades que demanda el alumno, a la complejidad del futuro y de la sociedad. No puede ser que lo interesante y lo motivador esté fuera de las aulas. Necesitamos que los alumnos asocien escuela con curiosidad, exigencia y creatividad.

No parece que la adaptación a este cambio se vaya a producir de la noche a la mañana. ¿Cuál es vuestra línea de acción para ayudar a transformar el modelo educativo imperante?

Somos formadoras y consultoras de profesores, equipos directivos y AMPAS porque creemos que desde esa labor podemos asesorar y acompañar en el cambio y la innovación. Muchas veces el miedo a cambiar las cosas se debe más al desconocimiento de cómo hacerlo y a la inseguridad que a no querer cambiarlas realmente.

En vuestro libro os adentráis en el análisis de este cambio tan necesario y ponéis nombre a los distintos procesos, por ejemplo, habláis de cambio sistémico ¿a qué os referís con este concepto?

Entendemos por cambio sistémico aquel en el que una pequeña transformación moviliza todo lo que está a su alrededor y hace que sea necesaria también su transformación. El conjunto resulta afectado a raíz de una palanca que lo agita todo. En el caso de la escuela, la palanca de cambio ha sido la revolución metodológica: transformar y enriquecer la filosofía desde la que enseñamos a aprender y los métodos y técnicas con los que enseñamos a aprender.

Y para ponerla en marcha ¿depende mucho de la implicación del profesorado?

El equipo docente es clave en este proceso de cambio sistémico, pero también es crucial que los equipos directivos sepan y tengan la visión y el conocimiento de cómo llevarlo a cabo. Han de dominar la brújula: de dónde partimos, dónde estamos y hacia dónde vamos.

A la hora de coordinar este cambio, los equipos directivos ¿tienen que aplicar alguna metodología específica? ¿qué es el liderazgo distribuido?

En el liderazgo distribuido las personas ya no quieren ser dirigidas sino acompañadas y orientadas por equipos directivos que sepan a dónde vamos, cómo hacerlo y que les emponderen y les faciliten la ayuda para llevar a cabo el cambio sistémico en el que está inmersa la escuela. En el liderazgo distribuido todos somos corresponsables y cohacedores del éxito y los logros que se han obtenido.

Estamos hablando todo el tiempo de una transformación necesaria, pero que todavía no se ha hecho efectiva. ¿Qué confianza tenéis en que cambie la estructura del sistema? ¿hay quien se opone a que las cosas sean distintas?

Todo proceso de cambio, y no digamos uno sistémico y estructural, produce resistencias, miedos, rechazos y críticas, pero es mucho más grave lo que produce el no cambio, el dejar las cosas tal como están, manteniéndonos de espaldas a la responsabilidad de dar respuesta a los grandes cambios que están por venir.

Hay que saber dirigir, acompañar, guiar en este proceso de cambio, desarrollar el talento de los profesores. El problema es cuando no sabemos hacia dónde cambiar y cómo hacerlo. La visión requiere reflexión, amplitud para una visión global. Con ayuda y orientación se hace mejor.

Por último, hay otro agente importante en este cambio que vosotras también tenéis muy en cuenta, las familias. ¿Pensáis que son conscientes de que debe producirse una transformación de la escuela?

La familia, como cualquier colectivo de la comunidad educativa, también está dividida frente a cómo dar respuesta: los hay preocupados por el inmovilismo y la falta de innovación, comunicación e implicación en el proyecto de aprendizaje entre padres y escuela, y los hay que quisieran que el colegio fuese el mismo que ellos conocieron. Nos corresponde a nosotros ser didácticos, ayudar a ampliar de manera eficaz y ejecutiva la cultura educativa que los adultos necesitamos para acompañar a los niños en este siglo para explicar e implicarnos como equipo en lo que está pasando y en lo que estamos haciendo.