El programa ERASMUS, acrónimo del nombre oficial en inglés EuRopean Community Action Scheme for the Mobility of University Students (Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios), se crea en 1987 con el objetivo de mejorar la calidad de la educación y de “construir Europa”. En los últimos años miles de estudiantes y también profesores han disfrutado de este programa que durante unos días ha visto como su presupuesto se reducía a menos de la mitad. 

Los acontecimientos se han sucedido con tal celeridad que nos han pillado a todos con el paso cambiado. Ayer, todos los medios de comunicación abrían portada con la noticia del endurecimiento con nocturnidad y alevosía de los requisitos para acceder a una beca Erasmus. En la práctica, este endurecimiento se traducía en una reducción en el presupuesto de 37 a 15 millones de euros anuales. Y en la imposibilidad de acceder a ella si previamente los estudiantes no han sido beneficiarios de una beca general el año anterior. Y lo más difícil de entender: el cambio se producía a mitad de curso, cuando buena parte de los estudiantes ya llevan como mínimo un par de meses en el extranjero esperando recibir su beca.

Se está demostrando que para ser competitivo en el mercado laboral es fundamental que el candidato tenga una clara vocación internacional, estar dispuesto a la movilidad, y que los idiomas son fundamentales para acceder a un puesto de trabajo. La beca Erasmus está destinada precisamente a eso, a que los estudiantes intercambien su destino de estudios para conocer cómo es la formación, el idioma y la cultura en otro país europeo distinto al suyo. Justamente en estos momentos los estudiantes universitarios españoles tendrán mayores dificultades para acceder a una beca que les ayude a complementar su formación en un país europeo.

En ese momento y leyendo valoraciones como la anterior se nos ocurrió localizar a varios estudiantes y preguntarles para el post de hoy qué aprendieron ellos de una experiencia como la Erasmus. Al final, todos ellos incidían en lo mismo: es una experiencia vital. Más allá de los conocimientos adquiridos para casi todos ellos era la primera vez que salían fuera, que vivían lejos de casa, que tenían ciertas responsabilidades, que estaban sin sus familias. En el ámbito académico sin duda valoraban el conocimiento de otros idiomas, “y no sólo el del país de destino”, nos comentaba Mónica, una joven alicantina licenciada hoy en Periodismo, “porque al final te relacionas con estudiantes de todas las nacionalidades y acabas chapurreando cualquier otro idioma”. “Cuando estuve de Erasmus en Bolonia hace seis años -nos dice Jaume, también licenciado en Periodismo- fue la primera y posiblemente única vez que me he sentido europeo“. De forma similar podemos leer distintas opiniones en twitter siguiendo el hastag #ErasmusRip

ErasmusRip

Sin embargo, a lo largo del día de ayer se sucedieron las críticas a la medida promulgada y publicada en el BOE. Primero de algunos representantes del propio partido en el Gobierno; después de las Comunidades Autónomas, que en algunos casos e independientemente de su signo político, anunciaron que no dejarían tirados a los estudiantes y cargarían a sus propios presupuestos la ayuda prometida inicialmente; y finalmente fue la propia Europa la que criticó la medida, ojo, no tanto por el fondo como por la forma, dice la Unión Europea que una medida como esta no puede tomarse con el curso ya empezado.

La presión social ha sido tal que por una vez el sentido común se ha impuesto y el ministro que quería quitar unas becas pensando que nadie leía el BOE… ha tenido que rectificar. La solución posiblemente se materializará en los próximos días vía enmienda a los Presupuestos de 2014. Lo que no garantiza, todo sea dicho, la continuidad de las becas en los términos actuales para el curso 2014/15. Por ello los estudiantes siguen movilizándose a través de plataformas como change.org donde se están recogiendo firmas para evitar la reducción de los presupuestos destinados a estas becas.

Imagen: Erasmus en Praga 2011 (Flickr – CC)