Vivimos en una espiral complicada. Es difícil encontrar trabajo y caro tener casa, así que tardamos cada vez más en salir de casa de nuestros padres y formar familias. Precisamente por ser más mayores, a nuestro cuerpo le cuesta más tener hijos porque, por más que nosotros hayamos cambiado nuestro estilo de vida en pocos años, nuestro cuerpo no evoluciona tan rápido como nosotros. Y el más difícil todavía: muchas veces tener trabajo es incompatible con tener una familia.

Tiene narices la contradicción: el trabajo es necesario para poder tener una familia, pero muchas veces es imposible tener trabajo y familia a la vez. Porque normalmente trabajamos ocho horas (si tenemos la suerte de tener trabajo), que en verdad son nueve o diez porque lo más común es tener jornada partida y parar para comer. Si a eso le añades desplazamientos puedes sumar una o dos horas diarias más fuera de casa. ¿Y mientras quién está con los niños?

Pero a la vez el trabajo es imprescindible: con los precios de las casas vivir en pareja es casi una obligación para poder pagar la hipoteca, y eso contando con que ambos trabajen. No todos pueden permitirse una reducción de jornada, o pagar a alguien que esté en casa. Y, según un informe reciente, apenas un 8% de las empresas españolas permiten a sus empleados teletrabajar.

La ecuación es perversa porque, en el mejor de los casos estarás trabajando, y eso implicará que gran parte de tu sueldo vaya a pagar las actividades extraescolares o la persona que tendrá que cuidar a tu familia mientras tú estás fuera. Ante eso hay quien opta por dejar el trabajo o reducir horarios y, aunque ingresen menos, son ellos quienes cuidan directamente a la familia en lugar de delegar en otra persona.

Y ahí aparece la componente sociológica. Ante esas situaciones son casi siempre las mujeres quienes dejan el trabajo para quedarse en casa. O, más comunmente, a quienes afecta más la vida familiar. Sin entrar en los casos extremos de empresarios que preguntan a las mujeres en las entrevistas de trabajo si tienen pensado formar una familia, lo cual es ilegal, a muchos les frena a la hora de hacer nombramientos el pensar en las mujeres por ese motivo: el embarazo, el parto y los permisos tras el nacimiento de un hijo juegan muchas veces en contra de cualquier mujer que quiera medrar profesionalmente.

La solución pasa, en parte, por hacer que el impacto del nacimiento de los hijos sea igual en hombres y mujeres, dando las mismas bajas y los mismos permisos. O reducir jornadas laborales. O trabajar en cambiar la educación social que todavía contempla como ‘normal’ que sea la mujer la que se tiene que hacer cargo de la familia. O fomentando la cultura del teletrabajo. O concienciando, sin más, que el hecho de tener una familia no debe ser un obstáculo para no poder trabajar. Cada cual, una solución más complicada que la anterior

Dinos: ¿Te has visto alguna vez discriminada o discriminado en tu trabajo por motivos familiares? ¿Te ha impedido la familia entrar en una empresa o conseguir un ascenso?