Hace unas semanas un empleado de Google incendió las redes con un manifiesto en el que criticaba las medidas que adopta el gigante tecnológico para minimizar la brecha de género y la desigualdad respecto a algunas minorías en la sede principal de Mountain View.

El empleado hizo circular un escrito de diez páginas a través de las redes propias y en un contexto interno en las que  tachaba de medidas izquierdistas y de poco efectivas argumentando que la brecha de género tiene su fundamento en cuestiones biológicas y no en el sexismo. El documento terminó viralizándose y sus consecuencias no tardaron en llegar.

El documento vulnera el código de conducta de la compañía

Las dimensiones que alcanzó el debate generado por el escrito obligó a la vicepresidenta de Diversidad, Integridad y Gobernanza de Google, Danielle Brown a salir al paso mediante un comunicado en el que manifestó que, aunque consideraba que las conclusiones del empleado eran erróneas, estaba haciendo uso de su libertad de expresión. Pero  se consideró que estas tibias declaraciones de la responsable de los planes de igualdad no reprobaron lo suficiente la conducta del empleado y Sundar Pichai, CEO de la tecnológica, se pronunció de forma contundente contra el alegato machista y tomó la decisión de despedir al trabajador alegando que se estaba “vulnerando el código de conducta de la compañía” al afirmar que algunos empleados (as) no están biológicamente preparados para asumir determinadas tareas que impliquen liderazgo o tenga una exigencia muy técnica.

Solo el 12% de los empleados de Google son mujeres.

Las mujeres representan un 30% del total de los empleados en  Google. En los puestos más puramente tecnológicos son solo un 12%. Esta infrarrepresentación de las mujeres en las empresas tecnológicas es la norma así como en los puestos de liderazgo del resto de las empresas.

Según desvelan los numerosos informes y estudios especializados en materia de brecha de género e igualdad en el empleo, los motivos por los que las mujeres no acceden a determinados puestos no están fundamentados en razones biológicas sino en la diferenciación discriminatoria de los roles asignados a ambos sexos, la falta de estimulación en las niñas de la vocación científico-tecnológica o el poco incentivo a las mujeres, cuando no la censura, de determinados comportamientos extremadamente competitivos que se requieren para puestos de máxima responsabilidad. Por esta razón, los gobiernos y empresas adoptan medidas para corregir esta desigualdad a la hora de acceder a determinados puestos. Es una forma de dar cabida a todo el talento que necesitan las empresas. Este cometido es el que inspira a los planes de igualdad.

Planes de igualdad Google

Planes de igualdad para acabar con la brecha de género en las empresas

La Ley de la Igualdad aprobada en marzo del 2007 obliga a las empresas de más de 250 empleados a incluir planes de igualdad que ayuden a integrar en la misma medida el talento de las mujeres en las empresas en todos los puestos. Pretenden eliminar el sesgo de género que impide el acceso en igualdad de condiciones a posiciones de mayor responsabilidad y sin embargo ser mayoría en otros de menor relevancia o remuneración.

Los planes de igualdad se llevan a cabo mediante fases diferenciadas:

  • Análisis de la situación. En el que, ayudados de personas expertas como las agentes de igualdad, detectan comportamientos y actitudes discriminatorias en la empresa que estén dificultando el ascenso o desarrollo de las carreras profesionales de las mujeres.
  • Establecimiento de un plan que contemple objetivos, acciones y calendario para implantar medidas que conduzcan a la igualdad entre hombres y mujeres en las empresas.

Entre las medidas que se implantan con mayor frecuencia se encuentran las relacionadas con la conciliación o con el plan de carrera. En este sentido por ejemplo, se diseñan acciones para favorecer el que se instale una opinión favorable a la corresponsabilidad de los hombres en las tareas de cuidado de niños y dependientes. De esta forma, faltar al trabajo por este motivo no penalizaría más a los hombres que a las mujeres y las liberaría a ellas de la responsabilidad de atender en exclusiva estos cuidados. Ellas son, de forma muy mayoritaria, las que acortan su jornada por estos motivos lo que las hace parecer menos comprometidas con su profesión que sus colegas varones. Este hecho afecta al desarrollo pleno de sus planes de carrera que se ven truncados en muchas ocasiones.