¿Recuerdas aquellos mágicos años de tu infancia cuando podías pasarte horas perdido en tus pensamientos viajando por mundos imaginarios y fantásticos? Eras capaz de trasladarte a cualquier lugar y ser cualquier persona, solo con cerrar los ojos. La lógica, una palabra de la que no conocías su significado, no se interponía para bloquear tu sentido de la libertad. Y si la vida, de repente, daba un giro negativo te refugiabas, gracias a nuestra imaginación y creatividad, en un mundo que solo existía para nosotros.

Sin embargo, rápidamente nos convertimos en adultos y, de golpe, la realidad nos pone los pies en el suelo y deja libres a todos los pájaros de nuestra cabeza. Nuestros pensamientos pasan a ser “rutinarios” y nuestras creencias quedan sometidas a un fuerte corsé. Así, los músculos del cerebro que manejan nuestra creatividad van perdiendo fuerza por falta de ejercicio.

Así que, ¿por qué no despertar esa creatividad? Es hora de quitarle el polvo, dejar que estire las alas y que eche a volar, de nuevo, la imaginación. Somos adultos, sí, pero podemos recuperar esa alegría desenfadada que nos recuerda que todo es posible.

La receta para recuperar la creatividad es sencilla, solo consta de 10 pasos. Los siguientes consejos te ayudarán a poner en forma tu imaginación, a pensar de manera diferente y más abierta, a encontrar soluciones diferentes a antiguos problemas o, simplemente, pueden ser una excusa para pasar un buen rato.

1. Asigna un día de la semana, durante un mes, a probar alguna comida nueva. Puede ser algo tan simple como comprar un tipo nuevo de fruta o, si te gusta cocinar, buscar alguna receta que parezca apetitosa y lanzarte a los fogones. Si te gusta lo que has probado o no, no importa demasiado. Se trata, simplemente, de abrirte a experiencias nuevas, lo que te hará sentirte más alejado de la rutina habitual.

2. Piensa en alguien a quien admires de verdad. Alguien que tú creas que es creativo, excitante, fuerte y positivo. Debería ser una persona que tenga cualidades a las que tú aspires, sin importar si es un personaje real o ficticio. Después, piensa en cómo esa persona, con los recursos que tienes a tu disposición, solucionaría un problema o una situación que a ti te resulten imposible sacar adelante.

3. Busca una foto, un dibujo o cualquier imagen y gírala 180 grados. Dedica unos minutos a estudiarla desde una nueva perspectiva. ¿Qué detalles, formas o texturas no habías visto antes? Piensa en cómo, dándole otra perspectiva a las cosas, se ven aspectos que antes aparecían ocultos.

4. Piensa en un cuento tradicional de esos que te leían cuando eras pequeño. Ahora, escoge al antagonista o a uno de los personajes secundarios y piensa, o mejor escribe, la misma historia desde el punto de vista de ese personaje. Quizás quieras cambiar el final de la historia para que su nuevo protagonista salga victorioso o prefieras hacer que ese personaje viva otra historia mucho más emocionante… ¡Da rienda suelta a tu imaginación!

5. Piensa en uno de esos problemas que te traigan loco e imagina que eres un niño, de unos seis años de edad. El pensamiento de los más pequeños es refrescante y práctico. ¿Qué tendría que decir un niño sobre ese problema? Nosotros, con nuestro pensamiento de adultos, a veces no somos capaces de dar con soluciones que parecen obvias y nos complicamos en exceso.

6. Haz algo creativo. ¿Cuándo fue la última vez que cogiste un lápiz y un folio para dibujar algo? ¿O cuándo bailaste por última vez? ¿Tocaste un instrumento? ¿Hiciste una fotografía artística? ¿Modelado algo con barro o plastilina? ¿Tallado una figura en madera? ¿Hecho punto, bordado, cosido? Apúntate a algún curso, busca libros, tutoriales en internet y dedica un par de horas a la semana a redescubrir actividades que te diviertan y que saquen a relucir tu creatividad.

7. ¿Sueles meditar? Dedicar unos minutos al ejercicio de la meditación puede ser muy eficaz para que estemos más relajados y conseguir que las dos mitades de nuestro cerebro (la creatividad y la parte lógica) trabajen en armonía. Sólo cinco minutos de meditación al día son suficientes para empezar. Simplemente tienes que cerrar los ojos y concentrarte en el ritmo de tu respiración. Has de notar como el aire, cuando respiramos, es fresco y seco y cuando exhalamos se convierte en algo cálido y suave. Concéntrate en como el aire entra y sale y te irás relajando poco a poco. Este ejercicio tan sencillo te ayudará a mantener engrasado el engranaje de tu cerebro, listo para usarlo.

8. Elige una imagen en la que haya personas o un paisaje. Fíjate bien en todos los detalles que hay y luego imagina que pegas un salto al interior de esa imagen para explorar ese lugar. ¿Quiénes son esas personas y que están haciendo? ¿A dónde lleva ese camino que serpentea por aquí cerca? ¿Qué habrá detrás de esa puerta? Date el gusto de vagar libremente dentro de esa imagen y déjate sorprender con las ocurrencias de tu subconsciente.

9. Crear imágenes en nuestra mente dará un empujón a nuestra creatividad. Relájate e imagínate en un lugar bonito, al aire libre… allí donde tú y tu imaginación, muy creativa, queráis estar. En algún lugar de ese sitio imaginario hay un cofre enterrado que debes encontrar. En el interior habrá un regalo que simboliza una solución o una idea. Siéntate y examina el regalo con mucho detalle, antes de regresar a la habitación, abrir los ojos y anotar todas las ideas sobre lo que ese regalo podría simbolizar.

10. El poder del silencio es muy fuerte. Normalmente huimos del él porque, entonces, sólo tendríamos a nuestros propios sentimientos como compañía y, eso, puede resultar aterrador. Pero el silencio crea el escenario perfecto para que los mejores pensamientos salgan a relucir. Siéntate en un lugar tranquilo, lo más silencioso posible y sin distracciones. Si no lo has hecho nunca, es todo un reto (sobre todo encontrar un lugar sin ruidos de coches o sirenas). Después de una hora, coge un lápiz y papel y anota los pensamientos o las ideas que surgieron durante esa hora.