Ada Lovelace, matemática; Marie Curie, física y química; Hedy Lamarr, inventora; Maria Sibylla Merian, entomóloga; Emmy Noether, matemática; Grace Hopper, informática. Todas ellas son pioneras. Mujeres que rompieron con los prejuicios de su época y se abrieron paso en ámbitos del conocimiento que eran íntegramente masculinos. Fue su tesón y valía lo que las hizo llegar y romper estereotipos. Eran las únicas en sus campos. Gracias a la contribución a la igualdad de género que supone la lucha de las mujeres, Ada, Marie y Heddy ya no son las únicas. Nos llevaría días nombrar a todas las científicas y tecnólogas relevantes que están en activo en el presente.

Sí, se ha avanzado mucho desde que la paleontóloga Mary Anning (1799-1847) desenterrara un plesiosaurio. La presencia de mujeres en gran parte de las actividades productivas ha experimentado un notable incremento. Tanto en la formación como en el nivel profesional. Las universidades se han llenado de chicas estudiantes que han logrado alcanzar en ocasiones una mayor presencia que los varones. El porcentaje de mujeres en España entre los 20 y los 50 que han finalizado estudios universitarios se eleva hasta el 43%, frente a un 36% de los hombres. Y, en general, con mejores resultados académicos.

 

Profesiones con gran presencia femenina

El marketing, el e-commerce, la enseñanza, las profesiones sanitarias o la comunicación son actividades donde ya hay una presencia femenina destacada e incluso mayoritaria en algunos casos. Pero todavía queda un gran camino que recorrer. Las mujeres no figuran por igual en todos los sectores ni en todas las funciones de la actividad. El número de mujeres comienza a disminuir cuanto más se sube el escalafón. A mayor responsabilidad en el puesto, menos mujeres permanecen. Solo el 17% de los cargos directivos españoles son mujeres.

Lo inquietante es que esto también ocurre en los sectores con una gran potencialidad de desarrollo y  que gozarán de mayor relevancia en el futuro. Las carreras denominadas STEM serán las que educarán a los profesionales del mañana. Es precisamente ahí donde las mujeres todavía no han alcanzado unos niveles de igualdad aceptables y a donde más urge dirigir políticas que incentiven en las niñas la vocación científica y tecnológica.

Según ilustra el informe presentado hace unos días Científicas en cifras 2015, la presencia de las mujeres es todavía menor en estos ámbitos. Los motivos hay que buscarlos desde bien temprano, cuando se construye la vocación científica. Una combinación desincentivadora de falta de referentes femeninos y menor confianza en las capacidades para la ciencias y matemáticas y percepción de entornos excesivamente competitivos y agresivos provoca que ya desde los 15 años las chicas opten por especialidades relacionadas con las humanidades o que tengan aplicación social y las prefieran a las ciencias. Según datos facilitados por el mismo informe, la tasa de población ocupada en la industria de los sectores de alta y media-alta tecnología supone un de 7,6%. Solo el 2,2% son mujeres frente al 5,4% hombres. La deseable igualdad puede que no mejore a la velocidad que necesita la sociedad.

Investigación pública, rozando la paridad numéricamente

En cuanto a la investigación científica, siguiendo con los datos del mismo informe, tanto en la administración pública (46%) como en las universidades (42%) se ha alcanzado e incluso superado el objetivo del 40% de investigadoras en estas instituciones públicas. No ocurre lo mismo en el sector privado, donde el porcentaje de científicas es todavía del 31%.

Se puede llegar a pensar que se está muy cerca de la igualdad, al menos en la investigación que realiza el sector público, pero si enfocamos la categoría investigadora diferenciando el rango según si se es catedrática, profesora titular, ayudante doctora o personal investigador en formación aparece lo que se llama segregación vertical. Solo un 21% de los catedráticos universitarios son mujeres. El dato es muy parecido en la UE donde hay un 20,9% de catedráticas universitarias. Laura Fernández de Mosteyrin, profesora de Sociología de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA) e integrante de la Comisión de Igualdad de esta institución señala las áreas de trabajo del plan que vienen  implantando desde el 2013: “Hemos identificado áreas prioritarias de actuación y, a partir de ellas, venimos implantando algunas medidas importantes, como la revisión de los procedimientos de selección y de los componentes salariales, la formación-sensibilización en el área de igualdad y la comunicación de las medidas de conciliación”. Y añade que “se está desarrollando un estudio para examinar la viabilidad del teletrabajo y guías de lenguaje no sexista, además de un protocolo de acoso sexual y laboral”.

Mujeres trabajadoras

Mercado laboral precario para las mujeres

La fotografía del mercado laboral femenino permite señalar dónde deben producirse las mejoras y los cambios. La organización Fedea señala en su informe Spanish Gender Gap (Brecha de género en España) publicado el pasado octubre que en el año 1985 solo el 35% de las mujeres pertenecientes a la población activa (personas entre 16 y 65 años) trabajaban. En la actualidad un 68% sale a trabajar fuera de casa, dato que se sitúa por encima de la media de la UE. Pero se enfrentan a situaciones de precariedad laboral debido a un mayor porcentaje de temporalidad y de parcialidad involuntaria (57%). Es decir, mujeres que desean trabajar una jornada completa pero solo han encontrado una jornada inferior a ocho horas. Y esto redunda de forma negativa en la cantidad que se percibe en las pensiones. Según datos del Ministerio, las mujeres cobran 421 euros menos de media en las pensiones que los hombres. Donde ellos cobran de media 1.119 euros/mes, ellas cobran 698 euros.

A pesar de que la ley no lo permite, se produce una diferencia salarial en puestos similares, donde ellos obtienen mayores nóminas. El resultado de la suma de todas situaciones es que las mujeres cobran un 20% menos al año. Para paliar y perseguir esta situación ilegal, el Gobierno está planteando obligar a las empresas a hacer públicos los salarios que paga a hombres y mujeres.

Dejando a un lado que se trata de una cuestión de derechos donde las personas tengan garantizada la posibilidad de desarrollar sus inquietudes y vocación independientemente del género al que pertenezcan, la cuestión es que desperdiciar el talento de las mujeres es algo que el mercado laboral no puede permitirse. Las habilidades, puntos de vista, formas de comunicación y de liderazgo que tienen en común muchas mujeres se ajustan a las necesidades de los nuevos tiempos.