El próximo 22 de febrero se celebra el Día Europeo por la Igualdad Salarial, una fecha que sirve para poner de manifiesto la brecha salarial de género, es decir, la diferencia en la remuneración entre hombres y mujeres. Esta fecha no es la misma todos los años, se elige en función de la magnitud de la brecha del año anterior. Cuanto mayor en la brecha salarial, más tarde empiezan a cobrar las mujeres tras empezar el año. Podría decirse que, si la brecha salarial en Europa tiene un 16,2% de grosor las mujeres, en vez de cobrar desde el primer día del año, lo harán a partir del 22 de febrero, haciendo una estimación de salario/día.

Pero la diferencia salarial entre hombres y mujeres es algo que sucede a lo largo y ancho del planeta. A nivel mundial esta diferencia es de un 20%. O, dicho de otro modo, ellas cobran el 80% del salario que cobran ellos, según datos de la OIT. Los motivos son múltiples.

Las causas que sostienen la brecha salarial

La gran mayoría de los países democráticos garantizan por ley que no puede haber discriminación en cuanto a salarios, por razón de sexo. Pero la realidad es bien distinta como demuestran infinidad de informes. Las razones tienen que ver con dinámicas más profundas y estructurales de las sociedades.

Una de las causas se encuentra en las jornadas que desempeñan las mujeres. Ellas optan, en gran medida, por jornadas reducidas, debido a los roles de género que las sitúan como principales responsables de los cuidados de dependientes: niños, ancianos y personas enfermas. Esto tiene que ver con la parte, digamos voluntaria, de la cuestión. Las mujeres eligen trabajar menos para dedicarse a los cuidados (un 10%) lo que les lleva a realizar una doble jornada, una remunerada y la otra no.

Pero esto no queda aquí. Una gran parte de las mujeres querría y podría trabajar más pero no consiguen acceder a trabajos de jornada completa. Es lo que se denomina subempleo y según los últimos datos de la EPA sobre esta cuestión (último cuatrimestre de 2017) un 57,3% de las personas con jornada a tiempo parcial desearía trabajar más horas. Las tres cuartas partes de este porcentaje (73,44%) son mujeres.

Entre las medidas que se proponen para corregir este sesgo desde la OIT se recomienda impulsar y sensibilizar sobre la corresponsabilidad entre hombres y mujeres en los cuidados. Por ejemplo, con el establecimiento de la obligatoriedad sobre permisos de paternidad más amplios y que sean obligatorios e intransferibles a la madre.

Día Europeo por la Igualdad Salarial

La importancia de incentivar la vocación

Otra de las cuestiones tiene que ver con cómo se prepara para la vida profesional y se despierta la vocación. La socialización que viven las niñas en cuanto a aspiraciones laborales es completamente distinta a los niños. A las niñas se las incentiva a elegir carreras y profesiones más relacionadas con los cuidados y la asistencia como puede ser las profesiones sanitarias o la educación. Como resultado de esta tendencia que, afortunadamente va revirtiéndose, las profesiones relacionadas con el cuidado de los demás están profundamente feminizadas. La cuestión es que, pese a su gran relevancia, estas actividades están peor remuneradas que las tecnológicas o científicas donde los hombres son una gran mayoría.

Contener la excesiva presencia de las mujeres en estas profesiones y fomentar el acceso en igualdad a actividades con mayor remuneración (STEM) debe ser el objetivo de las políticas sociales, según el organismo internacional.

Así como tratar de eliminar el conocido techo de cristal que hace que las mujeres están en minoría conforme se sube la escalera de la responsabilidad en el cargo. La propuesta desde la OIT es que el trabajo de igual valor se remunere con igual salario. Esto debe quedar protegido por ley y promoverse en la práctica.

El ascenso profesional está condicionado en gran medida por culturas empresariales que favorecen las formas de hacer masculinas. Jornadas que se alargan hasta tarde donde el número de mujeres disminuye según van pasando las horas porque deben ir a cumplir con su rol de cuidadoras. Este presentismo no tiene que ver tanto con la productividad, sino con otro tipo de ventajas. En ocasiones, la imagen de persona comprometida con su trabajo tiene que ver con este alargamiento innecesario de la jornada. Muchos empresarios creen todavía que pasar más horas en el trabajo es sinónimo de compromiso. Algo en lo que las mujeres, en general, compiten en desventaja por las razones que se han explicado anteriormente.

Algunos estudios lo confirman. Según el informe S=HE ¿Igualdad de oportunidades? Desarrollo profesional de hombres y mujeres en España un 68% de las mujeres piensan que en sus empresas se favorece la promoción de los hombres por encima de la de las mujeres.

Por último, como resultado de una vida laboral donde solo se ha remunerado una parte de lo trabajado las mujeres se empobrecen cuando llegan a la tercera edad. Según  datos del CESC (Consejo Económico y Social) las mujeres más mayores reciben pensiones un 37% más bajas que los hombres.

Islandia garantiza por ley la igualdad salarial

Pero hay motivos para la esperanza. El pasado enero se cumplió un año de la entrada en vigor de la ley de igualdad salarial en Islandia. Esta ley obliga a las empresas de más de veinticinco trabajadores a certificar que se paga de forma igualitaria. Es una ley pionera en el mundo. Y no es la primera vez que Islandia lo hace. Este pequeño país ya dio muestras avance social cuando en 1975 las mujeres islandesas se organizaron para convocar una jornada de huelga en la que se reclamaba igualdad. Consiguieron paralizar todo el país poniendo de manifiesto la importancia del trabajo que realizan las mujeres. Ha pasado tiempo pero hoy en día esta reivindicación tiene forma de ley.

Algo similar es lo que propone el movimiento feminista en España convocando una huelga para la jornada del 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, en la que, además de un paro de veinticuatro horas en el sector productivo se propone sacar a la luz el invisibilizado trabajo de cuidados  que realizan día a día las mujeres y que, pese a no ser remunerado, es imprescindible para el sostenimiento del sistema.