Conseguir cumplir con los objetivos que marca la estrategia en una organización es responsabilidad última de las personas que ocupan puestos destacados dentro de los equipos. Habrá quien lo haga con determinación y confiando en su propio criterio y habrá quien sepa aprovechar el potencial de cada miembro. Dependiendo del estilo pero también del momento de la empresa habrá más líderes que jefes o al contrario. ¿Qué diferencia unos de otros?

¿Es lo mismo ser líder que jefe?

Lograr que las personas remen en una determinada dirección puede conseguirse haciendo valer la autoridad que confiere un cargo, mediante la imposición, la coacción, el temor a las consecuencias si no se consigue o sabiendo comunicar la importancia de la tarea, explicando motivos y razones y, en último término, seduciendo. Ambas fórmulas son efectivas solo que en la primera, la que utilizaría un jefe en el sentido más tradicional del término, los efectos a largo plazo son menos duraderos y el clima que se construye no es de confianza si no de temor.

Sin embargo, un líder emplea su carisma para construir un clima de confianza en el que cada cual trata de poner al servicio de los objetivos lo mejor de sí mismo. Eso no se construye desde la imposición, aunque aparentemente puedan obtenerse buenos resultados, si no generando dinámicas de confianza donde el talento y la motivación pugnan por aportar.

Toma de decisiones

El momento de toma de decisiones puede hacerse en solitario, como lo haría un superior a la antigua, teniendo disponible información privilegiada propia del cargo o integrando el máximo de opiniones acompañadas de argumentos y haciendo que el conocimiento y la información fluya y que esté toda encima del tablero. La decisión final será tomada, de igual modo, por una persona pero la participación de puntos de vista diferentes aportará una dimensión más completa tanto del problema como de la solución y las consecuencias que tendrá. El ego tiene mucho que ver en este punto. Reconocer que la capacidad de un equipo en una toma de decisiones puede tener mayor alcance y que el reconocimiento quede diluido es algo al que no todo el mundo está dispuesto a admitir.

Optimización del talento

Los equipos están integrados por profesionales que conocen en profundidad su actividad y que acumulan una mayor experiencia o conocimiento en su área. Abrir al máximo la participación creando canales de confianza en los que sea posible la creatividad impulsada por la motivación potenciará la fortaleza del equipo. Aunque también hay que tener la habilidad suficiente para dirigir esas aptitudes siendo firme y equilibrando momentos de mayor apertura con otros en los que hay que ceñirse a criterios más rígidos.

En un grupo liderado por un jefe los egos del resto quedan supeditados al poder de éste. En la sombra es donde tendrá lugar el juego del poder en condiciones poco transparentes y donde la potencialidad del equipo puede quedar debilitada por estas luchas. La tarea de un líder también consistiría en lidiar con los egos y contrapesar, sin desmotivar, las  tentaciones de quienes querrían que su idea sea la única que prevalezca.

Líder o jefe, ¿cuáles son las diferencias?

Ejercicio de la autoridad

La autoridad de un líder emana de su ejemplo, no viene impuesta por su cargo. Es quien llega primero a trabajar, quien está más motivado y quien adopta una actitud positiva y optimista. Porta la visión y se encarga de inculcarla a través del entusiasmo por el trabajo.

No cede a chantaje o favoritismos. Evidentemente, trabajará mejor con unas personas que con otras pero no dejará que eso influya en su relación con el resto o en desaprovechar cualidades de todos los miembros del equipo.

En cambio, un jefe puede que sí aproveche la actitud de quien sepa adularle para salir reforzado y construir una imagen de fortaleza gracias a cuestiones poco profesionales. Al poner su ego en el centro y no la estrategia de la organización favorece este tipo de conductas que inflaman su propia confianza.

Un líder no se siente amenazado por el talento de su equipo. Sabe orquestarlo para que genere los mejores resultados.

Es cada vez más habitual que las organizaciones estén lideradas por personas que tienen un talante democrático e integrador y usan estrategias más asertivas para conducir a sus equipos. Los efectos tardan más en llegar pero tienen efectos más productivos y duraderos.