El deporte es una afición, es un entretenimiento para los domingos por la tarde o una recomendación por prescripción médica. Pero para unos pocos es también un medio de vida. Hay un deporte profesional (que no de élite) que sobrevive a base de esfuerzo y muchas ganas.

Es como cualquier trabajo, con horarios, madrugones y un jefe, o entrenador, que siempre exige más de ti. En el caso de los deportes mayoritarios, fútbol y baloncesto principalmente, hay audiciones, equipos federados, ojeadores… La manera de llegar a la profesionalidad es casual y poco encorsetada. No hay una formula mágica y cada deportista tiene su propia historia. En el resto de modalidades deportivas el camino es más uniforme, aunque también mucho más complicado.

Básicamente hay dos maneras de mantenerse: becas y sponsors. Las primeras sirven para iniciar la carrera y de las segundas se depende para poder continuarla. Para optar a una beca lo primero que hay que hacer es federarse. Hay tantas federaciones como deportes y su tasa mensual depende mucho del tipo de deporte en cuestión.  Posteriormente tanto el Comité Olímpico Nacional como el Internacional ofrecen varias becas. Pero no solo de olimpiadas viven los deportistas. Otra opción es presentarse a las becas que ofrecen los Centros de Alto rendimiento (CAR) y de paso optar a una habitación en la residencia Blume de Madrid para vivir en un ambiente totalmente deportivo

Estas son las vías administrativas, pero para convertirse en un deportista de élite hay que tener algo más que un buen manejo de la burocracia. ¿Cuáles son los factores técnicos, tácticos y psicológicos que hacen que un buen deportista se convierta en un deportista profesional? Desde hace diez años, un grupo de investigadores dirigido por el profesor de la Universidad de Huelva Pedro Sáenz-López intentan dar respuesta a esta incógnita. “Hay una etapa clave, entre los 16 y 18 años, que es cuando se ve si los atletas están motivados y si tienen la suficiente humildad para seguir aprendiendo”, asevera el profesor Saénz-López.  Este investigador defiende un desarrollo paulatino del deportista, un acercamiento lúdico inicial que desembocará, si procede, en una aproximación profesional. Sus libros determinan la importancia capital de la psicología en esta carrera de fondo. Factores como el entorno familiar, la humildad y la constancia son tan importantes como la velocidad o la fuerza.

Muchos deportistas profesionales coinciden en señalar la importancia de compaginar los estudios académicos con los deportivos, por lo menos en un principio. Son demasiados los que se quedan en el camino y siempre hay que tener una vía de escape. Si se quiere optar por un camino intermedio, carreras como INEF o magisterio de educación física pueden ser la mejor opción.

Los deportistas profesionales se rigen por el Real Decreto 1006/1985, sin embargo, su profesión está poco encorsetada en normas legales. Aquí no hay horarios flexibles ni conciliación laboral, es una profesión sacrificada como la que más. Las diferencias salariales son abismales, casi siempre vinculadas a contratos externos con patrocinadores. Decantarse por una vida dedicada al atletismo es quizá la mejor manera para acabar anunciando zapatillas de deporte, pero solo unos pocos llegan a ese olimpo. El resto se levanta todos los días muy temprano, se enfunda su uniforme chandalero y se dedica a entrenar para hacer de este su medio de vida.