Cuando pensamos en una buena idea se nos viene inmediatamente a la cabeza la palabra “Eureka”. Casi podemos ver a Arquímedes corriendo por los baños gritando “¡he hallado!” al descubrir la clave del principio que tantas veces hemos estudiado en el colegio. Siglos después Steven Johnson, un científico, teórico de medios y autor, se ha propuesto desmitificar este concepto. En su libro Where Good Ideas Come From? Johnson se muestra escéptico a las mentes geniales, a los momentos de lucidez y propone una guía nueva y colectiva para explicar las buenas ideas que han movido el avance de la humanidad. La primera piedra para emprender un negocio es tener una buena idea, aquí podemos ver cómo conseguirla.

Es reconfortante simplificar el descubrimiento de la teoría de la gravedad a que una manzana cayó sobre la cabeza de Newton. Si él tuvo una gran idea por este hecho fortuito también la podría tener yo si me tropiezo por la calle, o si miro el techo de mi habitación o mientras tomo un reconfortante baño. A lo mejor hasta puedo gritar ¡Eureka! (¡lo encontré!) como Arquímedes y salir corriendo desnudo igual que el genio griego al descubrir el principio que hoy lleva su nombre. Cuando pensamos en una buena idea estas son las imágenes que se nos vienen a la cabeza. Grandes momentos de iluminación. Esa figurada bombilla de los dibujos animados.

La inspiración es hasta cierto punto una manera de democratizar el genio. De creer que por qué, aunque permanezcamos inactivos, no nos va a tocar a nosotros ese momento casi mágico. Lo cierto, sin embargo, es que la experiencia dice que podemos llegar a viejos sin ni siquiera acercarnos a tener una ocurrencia original que nos haga millonarios o célebres.

Steven Johnson, científico y teórico de medios estadounidense, publicó en 2010, Where The Goods Ideas Come From: The Natural History of Innovation. El libro, un bestseller que recibió también el reconocimiento de prestigiosas revistas como The Economist, defiende la desmitificación del genio-iluminado. Johnson había escuchado innumerables veces la historia de cómo John Snow, un médico londinense, había tenido una epifanía que había librado a Londres del cólera a mediados del siglo XIX. Según la extendida versión, el galeno hizo un mapa en el que ubicaba a los muertos por la epidemia, y nada más verlo, descubrió que el cólera se encontraba en el agua y no en el aire, como se pensaba en la época. Lo cierto es que Snow había trabajado durante siete años el tema. El mapa fue solo una estrategia de marketing para convencer a las autoridades, que después le facilitarían la financiación y el equipo necesario.

A partir de la publicación de De dónde vienen las buenas ideas, Johnson ha dado numerosas conferencias en varios centros de innovación y universidades del mundo propagando los ejes del libro. Básicamente son dos: “El Eureka es un mito, los grandes descubrimientos son producto de una corazonada lenta”, defiende en sus charlas. Hay un elemento del entorno que llama la atención y ese es el hilo del trabajo que se desarrollará con gran esfuerzo durante años. La segunda es el “Adyacente”, el contexto en el que se desarrolla. El mundo que nos toca tiene un sistema capaz de desarrolar algunas ideas y otras no.

Johnson nos parecerá a muchos un aguafiestas. Para él se hará de noche antes de que la manzana nos caiga sobre la cabeza y se nos arrugará la piel en el agua sin ningún resultado. La buena noticia es que también opina que hoy, dado el potencial de las nuevas tecnologías y las herramientas a nuestro alcance, tenemos un poder de innovación descomunal.

Foto: Willie Lunchmeat (Flickr) con licencia CC