Una cafetería y dos interlocutores. Uno es de Venus, el otro de Marte. Tras haber fijado unos objetivos, comienzan la conversación. La primera parte será en venusiano, un lenguaje que el marciano controla pero en el que quiere practicar más el pasado perfecto y las sibilantes eses que lo caracterizan. La segunda media hora transcurrirá en marciano, idioma que el venusiano está empezando a aprender y en el que quiere conocer más sobre las formas coloquiales de pedir un refrigerio en un restaurante.

Aunque esta sea una situación de hipotética ciencia ficción, los tándems o intercambios idiomáticos entre nativos son uno de los instrumentos de aprendizaje real de una lengua más efectivos. “El input de un tándem es mucho más auténtico”, explica Kathrin Sieblod, profesora de alemán en la universidad sevillana Pablo de Olavide y promotora de la asignatura Curso Tándem Español-Alemán, “ya que en las clases tradicionales siempre nos encontramos con un discurso un poco más artificial”.

“Además, no solo aprendemos estructuras lingüísticas” explica esta alemana casi sin acento que lleva en España desde 1997, “sino que también aprendemos conocimientos sobre la cultura del sitio como conocimientos sociales, políticos, históricos… Conocimientos que no se pueden leer en cualquier libro”. Aunque Sieblod asegura que esta forma de aprendizaje es aprovechable desde cualquier nivel, el momento ideal para comenzarlo es cuando el hablante tiene una competencia a A2/B1, ya que “el tándem también se trata de debatir esos temas sociales y políticos y es muy difícil sin unos conocimientos previos”.

La metodología básica del encuentro es simple. Antes de comenzar la conversación, los estudiantes deben fijarse ellos mismos unos objetivos a cumplir, tanto lingüísticos como culturales. Pueden ir desde gramaticales, como practicar el preteritum, a comunicativos del estilo mejorar la pronunciación o la compresión auditiva. Tras esto, los dos compañeros establecen sus preferencias temáticas según sus intereses y necesidades. “El tándem”, aclara Sieblod, “es un aprendizaje autónomo y ninguna metodología es valida para todas las parejas”.

Con la llegada de las tecnologías de la información, esta forma de aprendizaje ha evolucionado hacia los e-tándem, que básicamente consisten en la misma idea solo que se usa el correo electrónico, el teléfono o los medios de comunicación en vídeo como el Skype. Webs como E-Tándem, de la Ruhr-Universitat Bochum, ofrecen buscar tanto compañeros presenciales como por web para practicar las lenguas.

“Aunque obviamente los e-támden permiten entrar en contacto con un alemán aunque vivas en Villanueva de la Cañada”, aclara Sieblod, “un tándem cara a cara es mucho más efectivo ya que implica salir juntos a conocer cosas, desarrollar una relación… Cosa que en un e-tándem es más difícil”. “Pese a no ser necesario llevarse bien”, explica, “[una buena relación] hace que puedas aprender mucho más y luego desemboque en una relación de amistad estrecha”. Y ser amigo de un nativo tiene cientos de ventajas. Tantas, o más, que un tándem.

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