Currículum vitae, ¿sí?, currículum vitae, ¿no?, ¿ya no se utiliza? ¿El currículum ha muerto? ¿Cuántas páginas ha de tener?, ¿qué apartados son recomendables?, ¿incluyo la edad?, ¿y el sexo?, ¿pongo foto? Éstas y otras dudas nos asaltan cada vez que nos ponemos delante del folio en blanco o, mucho peor, cuando echamos mano de una de esas miles de plantillas -algunas, horrorosas, por cierto- y nos disponemos a “confeccionar” una de nuestras herramientas de presentación, como es la tradicional hoja de vida.

Un inciso para recordarte que el currículum sólo tendrá pleno sentido, sólo mostrará una información completa, si surge como producto de un proceso de desarrollo profesional en el que, al menos, habremos de haber pasado por las fases de autoconocimiento, delimitación de objetivos, diseño de plan y estrategia, para llegar a la de concreción de herramientas de comunicación y visibilidad, donde el currículum, entre otras, será una herramienta más.

Dicho esto, y hasta que el currículum “muera del todo” -o alguien “lo mate”-, habrá que utilizarlo de la manera más adecuada, es decir, a la persona que está detrás de un proceso de selección le ha de quedar más que claro, por qué ha de decantarse por ti y no por los otros cientos -a veces, miles- de candidaturas que compiten con la tuya. Recuerda reflejar, cuanto más arriba mejor, cuál es tu propuesta de valor, qué es lo que te diferencia, qué vas a aportar tú, en forma de novedad, solución, beneficios, ahorro de costes, de tiempos…, para que tu cliente/empleador no albergue ningún tipo de duda. Y, en la medida de lo posible, huye de la diferenciación basada en colores, tipologías, márgenes y demás “estridencias” que, a mi modo de ver y, salvo en algunos entornos muy concretos, poco -más bien, nada- suman a tu propuesta.

Nuevos tiempos, tiempo del currículum social

Teniendo en cuenta lo anterior, ¿qué tal si me adapto a los nuevos tiempos? Mi opinión es que el currículum “tradicional”, como lo hemos venido entendiendo hasta ahora, sigue con plena vigencia. Ahora bien, también es verdad que cuenta con más aceptación en determinados sectores y ocupaciones.

Así mismo, no es menos cierto que, los “nuevos tiempos”, sobre todo la masiva presencia y actividad en el entorno 2.0, unido al uso creciente de internet y las redes sociales por parte de las y los reclutadores en los procesos de selección, requieren que nuestras estrategias a la hora de buscar empleo, mejor de atracción, de mostrar nuestro talento, se vayan complementando con lo que se conoce como currículum social. Antes de repasar sus “ingredientes” principales, tenemos que ser conscientes de que el término social no hace referencia a una presencia y actividad masiva, sin orden ni concierto, en portales de empleo y redes sociales, más bien al contrario, la idea ha de pasar por tener una presencia y una actividad cuidada, que sume, de colaboración, que aporte valor a tu entorno, que muestre demuestre tu valía, tu “savoir faire”… y que, en función de lo anterior, suponga un plus en los cada vez más rigurosos procesos de selección, en un “campo de juego” en el que las y los “jugadores” estamos cada vez más igualados, con formaciones y trayectorias muy similares, y donde las y los cazatalentos, profesionales de recursos humanos (que palabro más feo), empresarios y empresas de selección, hilan cada vez más fino a la hora de descubrir nuestro talento.

¿Cuáles podrían ser los ingredientes del llamado currículum social?

Parece existir consenso en que los ingredientes a tener en cuenta han de ser, al menos, reputación, networking y actividad del candidato o candidata en el entorno 2.0. Vayamos por partes:

  • Reputación: algunos/as también hablan de marca online, como si tuviésemos marcas diferentes en los entornos online y offline -¿no seremos la misma marca con presencia en distintos canales?-. En cualquier caso, tu reputación, al menos en parte, está basada en tu identidad digital (aquello que soy, creo ser o quiero ser). El resto, se sustenta en la idea que las y los demás tienen de nosotros, en lo que dicen, en cómo nos perciben, en cómo interpretan lo que hacemos y/o decimos… Te estarás preguntando cómo puedes influir en esto; y habrás llegado a la conclusión de que hay que estar en el entorno 2.0, pero de manera adecuada: colabora, comparte, reconoce, conversa, pide opinión, agradece, solicita información, halaga… Ánimo, a la tarea.
  • Networking: hay quienes defienden que “vales tanto como lo que vale tu red de contactos”. No sé si es para tanto. Ahora bien, de lo que ya nadie duda es de que, tus contactos, tu red, tanto en amplitud como en profundidad, va a poder facilitarte -muy mucho- el trayecto hasta tus objetivos profesionales. Aprovecha todas las posibilidades que te ofrecen las redes sociales para ir “haciéndote” con una red de contactos sólida, de calidad, a la que puedas recurrir, a la que aportes. Recuerda que, tras cada perfil, comentario, contenido, etc., hay una persona. Aprovéchalo. Haz gala de las reglas de conducta que aplicas “fuera de la red”. Recuerda que, cualquier conversación, puede ser parte de un proceso de selección (sin que te des cuenta). Acércate a tu futuro empleador/a a través de la gestión adecuada de tu red de contactos. ¡A por ese 80% de ofertas que no “ven la luz”!
  • Actividad del candidato/a: estará conformada por todo lo que compartes, comentas, aportas, opiniones -a veces, silencios- que viertes… Has de poner máxima atención a tu privacidad y cuidar, hasta el extremo, tus interacciones en la red. Antes de publicar nada, yo me preguntaría, ¿esto que voy a compartir, aporta valor a alguien? Si la respuesta no es un  SÍ enorme, claro, sin ambages, es mejor no publicarlo. No todo el mundo ha de tener un blog , ni en todos los sectores se entiende como necesario, pero sí puedes empezar por gestionar tu presencia en aquellas redes sociales que creas que mejor encajan con tu cometido, donde se debata sobre temas en los que tú “eres un hacha”, en las que puedan surgir posibilidades de colaboración, en las que se encuentre tu público objetivo, tu clientela, por qué no tu futuro/a empleador/a, en las que, en definitiva, tu presencia y aquello que compartes sume, aporte valor.

Lo anterior no es mas que una propuesta, una estrategia a medio/largo plazo, en la que habrás de laborar para posicionarte. Has de salir del “yo” para pasar al “otros”, para analizar qué es lo que necesita la empresa, qué problema tiene, qué necesidad le surge -o surgirá-, qué carencia detectas, qué oportunidad se le presenta… a fin de que, cuando te necesite, tú ya “estés en su radar”, ya te “encuentres en su mente”, bien posicionado, por qué no en el “top of mind”, y tu trabajo, también en el 2.0, suponga el mejor aval para tu candidatura. Pónselo fácil.