Ya lo decíamos hace unas cuentas entradas: una de las mejores cosas que se puede hacer mientras se busca trabajo es, precisamente, hacer cosas. Ocupar el tiempo en algo útil que ayude a engrosar tu currículum y, de paso, hacer más entretenida la espera mientras dure el trance de estar sin empleo. Y formarse es una de las mejores opciones, pero con cautela.

Una de las formas más seguras de garantizarte trabajo para el día de mañana era dedicarte a estudiar una oposición. Dependiendo de la dificultad de la plaza y de tu titulación previa, en uno o dos años de dedicación podías llegar a uno de esos sueños inalcanzables hoy en día: trabajo fijo, un sueldo aceptable, flexibilidad a la hora de disponer de días libres, nada de horas extras…

También tenía su parte mala, claro, como el nulo progreso laboral, la monotonía del trabajo a lo largo de los años y ser parte del colectivo más odiado del país. Hoy, con el Estado endeudado hasta las pestañas el ‘chollo’ se ha acabado: apenas salen nuevas plazas porque se amortizan las jubilaciones, los recortes recientes se han cebado con el colectivo de funcionarios y, además, se ha multiplicado la demanda y se ha reducido al máximo la oferta, lo que dificulta sobremanera eso de sacarse la plaza de forma sencilla y rápida.

Otra opción, más típica es la del máster: muchos recién licenciados, miembros del colectivo con mayor paro de toda Europa, han optado por seguir formándose con un postgrado que, además de para seguir aprendiendo, ayuda a especializarse. Lo que pocos cuentan es que los Máster realmente para lo que más sirven es para conocer gente y hacer contactos en empresas en las que entras haciendo prácticas y puedes quedarte trabajando. Al menos cuando las cosas iban bien, claro.

La parte negativa del invento es algo que ya tratamos en su día: que los máster son en ocasiones una forma de pagar para pode trabajar, formándote en algo tan específico que está orientado a una sola empresa y que, además, te va a costar un dinero que no todos pueden gastar. El límite lo marcan los MBA, esos que dicen que te garantizan el trabajo y que te preparan para ser un alto ejecutivo… previo desembolso de una suma considerable que, cuentan, acabas amortizando en forma de nómina cuando te has convertido en uno de ellos.

Una opción de buscar un trabajo para toda la vida, aunque de forma un poco más complicada que gran parte de las oposiciones, es la vía del doctorado. Claro está que no todo el mundo siente la llamada de la investigación universitaria o la docencia, pero es una buena opción para iniciar la carrera académica que no pocas personas ha elegido.

Lo malo es que muchas de las personas que han optado por el doctorado son recién licenciados que no han podido tener experiencia laboral y que, por tanto, van a acabar enseñando a gente sin haber podido conocer en profundidad su rama laboral. Y eso por no decir que es una inversión a largo plazo: uno o dos años de formación previa, dos o tres años para hacer la tésis, luego el paso a ayudante doctor o becario doctoral, sumar publicaciones en revistas académicas y méritos variados… Hasta que alguien convoque plazas de profesor titular y tengas los suficientes puntos como para optar a ella. El camino no es corto ni fácil.

Otra opción es la de la formación no académica, pero complementaria. Aprender idiomas, por ejemplo. O programación. O hacer cursos sobre determinados programas informáticos. O, por qué no, sacarse permisos que puedan serte útiles y complementen tu formación: conductor de determinado tipo de vehículos, permisos de armas, de manipulación de alimentos, de validez docente… Todo suma, siempre.

Pero cuidado, porque no toda la formación vale la pena. Todo suma, sí, pero hay cosas para las que puede que no necesites gastarte ese dinero que te piden. Hay academias que ofrecen cursos online para manejar programas cuya documentación ya está online y es gratuita. O puestos laborales ‘de moda’ para los que llueven profesores sin tener muy claro si realente están en condiciones de enseñar. Un consejo: huye de términos ampulosos para cosas sencillas, porque suelen esconder trampas.

¿Coaching, content curator, community manager, social entrepreneur, business angel…? De todo eso mejor hablamos otro día.