Ante cualquier proceso de selección de personal los candidatos a un puesto suelen ir con unas pretensiones que muchas veces distan de las que ofrece la empresa. Es el momento de negociar un buen contrato. Se trata de un procedimiento complejo donde siempre una de las partes va a tener más poder negociador que la otra. Lo lógico es que sea la empresa la que imponga sus condiciones pero no siempre sucede así. ¿Cómo debemos afrontar esa negociación?

Por regla general, cuanto más elevada es la posición que se vaya a ocupar dentro de la empresa las posibilidades de negociación son mayores. Es una cuestión de oferta y demanda. Sea como fuere, una de las preguntas más temidas por los candidatos es aquella que se refiere al sueldo: cuando un entrevistador te pregunte “¿cuánto quieres ganar?”, hay que tener mucha sangre fría y saber perfectamente hasta dónde estás dispuesto a llegar. Nadie quiere perder la oportunidad de conseguir el trabajo pero tampoco queremos parecer tontos y cobrar menos de lo que estaban dispuestos a ofrecernos. Llegados a este punto la psicología es fundamental. Y desde luego conviene ponerse en la piel del empresario y pensar hasta dónde estarías dispuesto tú en su lugar a llegar para coger a una determinada persona para ese puesto concreto. Seguramente, nadie mejor que uno mismo para saber la competencia que puedes tener.

Conviene aclarar sin embargo que el momento ideal para negociar el salario debería ser siempre a la hora de formalizar la oferta de empleo y nunca durante la entrevista de trabajo. Por dos razones, hasta que no se detallen horarios, fecha de comienzo, tipo de contrato y por supuesto las responsabilidades del cargo no parece que tenga mucho sentido hablar de dinero. Y por otro lado, si consigues llevar la negociación sobre el sueldo a ese momento, seguro que tendrás más poder de negociación porque en cierto modo ya habrás sido elegido para el puesto de trabajo vacante.

Aún así, si te preguntan por tus pretensiones económicas durante la entrevista de trabajo, lejos de apurarte tienes que mantener la calma. Te proponemos varias respuestas posibles:

  • Puedes contestar que estás más interesado en el trabajo que en el sueldo.
  • Puedes decir que estás dispuesto a estudiar cualquier oferta razonable que te planteen.
  • Puedes pasarle la pelota al entrevistador diciéndole que prefieres que proponga él el sueldo ya que conoce mejor el mercado.
  • Otra buena respuesta sería insistir primero en conocer todos los detalles del puesto para poder valorarlo convenientemente.

Desde luego, toda la información que tengas a la hora de la negociación valdrá su peso en oro. Por eso es importante por ejemplo localizar a personas que tengan trabajos similares para pregúntarles cuánto ganan o cuánta competencia tienen en su puesto. Otra posibilidad es buscar ofertas similares en los portales de empleo para saber qué sueldos se ofrecen. Y desde luego la mejor referencia será lo que cobrases en tu trabajo anterior.

Y otro consejo, nunca propongas una cifra cerrada. Siempre es más conveniente ofrecer un margen salarial variable con el mínimo que estarías dispuesto a aceptar y el máximo que te gustaría cobrar.

Si lo que quieres es negociar un aumento de sueldo quizás te vengan bien estos tips:

  • Piensa que si sigues trabajando en la empresa es porque tus jefes están satisfechos con tu trabajo y que cualquier aspiración de mejora económica es perfectamente lícita y lógica.
  • Infórmate del resto de sueldos en la empresa y tasa en función de esos datos el valor añadido de tu puesto y lo que tú ofreces.
  • Trata de informarte de lo que pagan otras empresas por trabajos similares. Y vuelve a defender tu valor añadido.
  • No negocies sólo con el salario, quizás te interese también un ascenso, algún tipo de bono o retribución flexible, acciones de la empresa, desplazamientos, comidas, mayor flexibilidad laboral…
  • Negocia siempre con una sonrisa y hazlo por supuesto cara a cara y nunca por mail o teléfono.

Y si estás negociando para cambiar de empresa un consejo fundamental es que introduzcas en la negociación una cláusula que impida que puedan rescindirte tu nuevo contrato a las primeras de cambio y una vez tú has renunciado a todos tus derechos en la otra empresa, tales como la antigüedad. No sería la primera vez que una oferta de trabajo no resulta ser lo que parece.