Crear tu propia startup, como se conoce a los negocios de nuevo cuño y en especial a los del sector tecnológico, es una nueva vía profesional hasta hace poco inédita. Decirlo es muy fácil, pero mucho más complejo es triunfar en un mercado en el que solo una de cada 58 ideas es fructífera y nueve de cada diez de estas empresas terminan por desaparecer. Todas ellas necesitan clientes y métodos como los de The Lean Startup. Pero primero hay que aprender a crear una de ellas…

Para eso existen cursos como el Internet Startup Camp, que organizó este verano la Universidad Politécnica de Valencia, o el Summer Startup School, creado por el Centro Internacional de Negocios de Cataluña (CINC). Ahora llega el turno de descubrir cómo lograr que tu empresa no muera a la primera de cambio.

El exitoso método The Lean Startup de Eric Ries, el creador de este movimiento impulsor de nuevas estrategias de negocio, te explica: “Vale, has desarrollado un producto. Pues ahora toca desarrollar la fidelización con el cliente“. Según otro experto en la materia, Paul Graham, son dos cosas las que hacen que tu empresa sea exitosa: hacer algo que sea útil para el cliente, algo que desee tener el mayor número de personas, e invertir el menor dinero posible en ello. Para lograr ambos requisitos y que se den a la vez es necesaria una buena dosis de ingenio.

Y es que la lluvia de ideas comunitaria nunca está de más. Relaciónate con gente que haga lo mismo y aunad fuerzas. Sin ir más lejos, acaba de celebrarse el Startup Weekend Villahermosa en México. Allí emprendedores de todo el mundo se han reunido para crear startups en apenas 54 horas.

Ser ingenioso no es sinónimo de ser enrevesado. El portal Eureka Startups recomienda idear productos tecnológicos lo más simples que sea posible. Un error muy común es el de iniciarse en este mundo intentando crear el producto más sofisticado del mercado. Ese es el camino directo al fracaso: un servicio lleno de funcionalidades termina por complicar la existencia de los usuarios, que al final centran su atención en ideas más sencillas, defiende la web.

Uno de los ejemplos a este respecto que emplea Eric Ries y que sirven de argumento para esta idea es Dropbox, el servicio que revolucionó el modo de compartir archivos en la red simplificando su uso hasta niveles de un crío de preescolar.