Que te coma una ballena y en el tiempo, hasta que te vomita, estés dándole vueltas a lo que se te viene encima es algo que solo pasa en los grandes relatos. Pero estas fábulas funcionan como arquetipos que explican conductas y actitudes humanas como, por ejemplo, la ansiedad ante la gran tarea, o lo que se conoce como el complejo de Jonás.

Sobrellevar el peso de la responsabilidad

Y esto fue lo que le ocurrió al profeta Jonás, según cuenta el relato bíblico. Parece ser que Dios le asignó la gran responsabilidad de llevar su palabra hasta la malograda ciudad de Nínive y él entró en pánico. Quiso escapar de tamaña misión, pero Dios se lo puso difícil lanzando una gran tormenta sobre el barco en el que huía.

Para aplacar su ira, sus compañeros de navío tiraron al mar a Jonás que fue tragado por un gran pez (o ballena, como se conoce más popularmente). Allí dentro pasó tres días en los que reflexionó y se preparó para asumir su gran responsabilidad. Una vez listo, el pez lo vomitó y dió comienzo a su tarea.

¿Es la autorrealización una necesidad?

Marlow, el fundador de la psicología humanista, recoge esta alegoría para explicar las barreras que encuentra la autorrealización humana. En su famosa pirámide explica las fases o necesidades que deben cubrirse en el camino a la autorrealización. Deben satisfacerse una antes de poder abordar la siguiente.

En la base estarían las necesidades fisiológicas que son esenciales para el bienestar y la supervivencia: comer, dormir o beber. Una vez satisfechas, se pasaría a la siguiente etapa. Así durante siete escalones hasta alcanzar la cúspide. Allí se encuentran las necesidades espirituales o psicológicas. O la necesidad de autorrealización. Estas necesidades tienen que ver con el crecimiento personal y no son necesarias para la supervivencia, pero sí para la felicidad.

Pero la complejidad de la psicología humana, siguiendo su razonamiento, hace que este proceso esté en continuo cuestionamiento. Que no se produzca sin una reflexión y una decisión consciente. En este sentido, enuncia el complejo de Jonás como el miedo a asumir la grandeza de las propias posibilidades. En un lado estaría el miedo a lo más abyecto dentro de cada cual pero, en el lado contrario, también se produce temor a desarrollar la máxima potencialidad.

Es una conducta que evita el destacar por encima de los demás. En la que se prefiere seguir la corriente para estar a salvo de las envidias que desencadenaría sobresalir. O también por el miedo a no estar a la altura, a no ser capaz. De la misma manera llevaría a sentirse incómodo con el reconocimiento de los logros conseguidos.

Claves para superar el complejo de Jonás, el miedo al éxito

Superando el complejo de Jonás

El complejo de Jonás está relacionado con el temor a salir de la zona de seguridad, de lo conocido, del confort. Tiene vínculos además con el miedo a la incertidumbre y una falta de tolerancia a la frustración cuya superación conlleva el crecimiento. Es una actitud bastante común que tiene consecuencias directas sobre el bienestar psíquico y que compromete la alegría de vivir. No mover ficha puede dar la falsa sensación de que el resto permanecerá igual. Pero sabemos que no es así. Seguir cómodamente instalados es también tomar una decisión. Y las consecuencias pueden ser peores. Ya que, según los psicólogos, no apostar por el crecimiento personal desencadena frustración y baja autoestima.

Por lo tanto, el primer paso sería un ejercicio de autorreflexión y de responderse con sinceridad si se quiere estar donde se está. En caso contrario, trazarse un plan realista donde dotarse de las capacidades y conocimientos que se necesitan. Ir cumpliendo con cada punto (y reajustándolo si es necesario) dando pequeños pasos para conseguir cada objetivo. En eso estriba la grandeza, en abordar la tarea poco a poco, pero manteniendo el sueño en el horizonte.