Hace tiempo que siente un cierto hastío por la rutina de la oficina. Sentarse en la misma silla incómoda, escuchar los mismos cotilleos de los compañeros y acudir al despacho del jefe sabiendo que una vez le tocará una pequeña reprimenda y la siguiente, una pequeña recompensa. O bien, simplemente, en estos tiempos, se ha quedado sin trabajo. Entonces decide que ya está bien. Que lo suyo es ir por cuenta propia. Decide convertirse en freelance, en independiente.

Sus antiguos colegas probablemente le miren como diciendo “una manera elegante de decir parado”. Para que eso no sea cierto, lo primero es que cuando se levante por las mañanas tenga algo que hacer. Porque una cosa es administrar su tiempo, trabajar de noche o de día, en casa o en un café, y la otra es dejarlo correr sin más hasta que a fin de mes su cuenta esté a ceros, o peor aún en números rojos.

El dinero se convertirá, sin duda, en la principal de las preocupaciones. Hay algunos campos de trabajo, como el periodismo, en el que se ha extendido una cierta conformidad con la versión extendida de que el trabajo se paga mal. “Hacer que el dinero fluya es realmente difícil”, es una frase que repiten freelancers, incluso reputados, en el mundo de los medios.

Para que esto no ocurra es necesario convertirse en un buen negociador: fijar unas tarifas dignas y valorar el propio trabajo para que los contratantes lo valoren. Además deberá cumplir las expectativas desde el primer momento, ya que la competencia es mucho mayor de lo que uno puede creer. Un reciente estudio de la Oficina Nacional de Estadísticas de Inglaterra, indica que solo en el Reino Unido hay 4 millones de personas que trabajan por cuenta propia.

Para alcanzar ese valor añadido que lo diferencia de otros independientes es necesario que estudie las necesidades de las empresas. Ver cuáles son los campos en los que flaquean. Si por ejemplo una revista tiene un fuerte equipo de política, es complicado que vayan a gastar dinero en profesionales fuera de la plantilla. Sin embargo, quizás, tengan una laguna en alguna área geográfica, como Centroamérica, en donde pueda meter la cabeza y vender algunas piezas. También hay que diversificar su cartera de clientes. Fiar su economía a una sola baza es peligroso –quizás ya lo haya comprobado cuando lo despidieron de esa gran compañía en la que trabajaba y que le daba seguridad-. Hay proyectos a largo plazo que pueden dar muy buenos réditos, pero hay que combinarlos con otros que, aunque menos, nos den dinero en el acto. Una vez más, hay que hacer que el dinero fluya.

El freelance tiene una parte romántica. Mucha gente ha soñado con ser su propio jefe, viajar, despertarse tarde porque le apetece y trabajar en el silencio de la noche, bien recogido, en el escritorio de su casa. Esto sigue siendo así, pero si se quiere sobrevir, Don Fulano, se deberá convertir en una especie de Don Fulano S.A.

Foto: tracilawson (Flickr) con licencia CC