Quejarse de las aptitudes de un jefe puede ser un lugar común en el trabajo, lo que no impide que esas quejas estén basadas en argumentos reales. Lidiar con un jefe poco eficiente o conflictivo es un problema de difícil solución, ya que pocos pueden elegir a su superior. Adoptar algunos de los consejos que los expertos sugieren ante estas situaciones puede aliviar el conflicto.

Existen jefes que simplemente no saben ser líderes, son tiranos o se dejan influenciar por sus prejuicios, perjudicando a uno o varios de sus trabajadores. Los malos jefes surgen de todas las formas y condiciones posibles. Una de las primeras acciones ante una relación conflictiva con un superior es la de pedir una tercera opinión a una persona que sea objetiva y que conozca a ambas partes y sea testigo de la situación que se vive. Estar abierto a asumir las críticas de esa voz intermedia y de asumir la parte de responsabilidad correspondiente es imprescindible. También concluir que todo es una sucesión de malos entendidos.

Si se concluye que es el jefe el punto conflictivo lo mejor es pensar en él como si fuera un cliente, con el que hay que negociar y llegar a un acuerdo. Como medida de protección ante un superior que es atacante y abusivo se recomienda documentar el trabajo, mantener un seguimiento probado de los logros y aciertos obtenidos con otros jefes, compañeros u otros departamentos. Ser lo más objetivo y detallado posible en esta recopilación para que esos argumentos resulten convincentes. Esta actitud también sirve para hacer alianzas con otras personas en la empresa, incluso para encontrar mentores que le protejan ante una relación desigual con su actual jefe.

Si el problema con la otra persona son actitudes específicas, como pueden ser provocaciones o bromas de mal gusto, lo ideal es ignorar tales comportamientos, tanto para bien como para mal, y así no crear un efecto rebote. Reírse de una broma que no agrada solo provocará que ese hecho se repita. Mostrar un enfado o desaprobación puede hacer que desee repetir la jugada, para demostrar quien es el que manda o por mero placer por parte de aquel que disfruta abusando del otro.

Mantener las conexiones con otros miembros de la compañía, de otras compañías o de antiguos compañeros de carrera que permitan tener un plan B en caso de que este conflicto desemboque en una situación insostenible o incluso en un despido. Es muy importante poder contar con la posibilidad de poder cambiar el rumbo profesional en el momento adecuado. Terminar con esa relación laboral no significa que no se vuelva a coincidir en un futuro con ese jefe conflictivo, así que no está de más intentar quedarse con lo positivo y reconocer sus aciertos, aunque sean escasos, para evitar conflictos mayores.

Y, en definitiva, nada como intentar sobrevivir a la situación con sentido del humor. Con unos capítulos de “The Office“ en cualquiera de sus versiones se pueden soltar algunas carcajadas y sentirse identificado con el absurdo de muchas de las situaciones ideadas por Ricky Gervais.