El estrés laboral nos afecta de muchos modos. Sufrimos alteraciones físicas, como importantes trastornos cardiovasculares, respiratorios y musculares. Puede deteriorar gravemente nuestro estado psicológico, con trastornos del sueño, ansiedad y depresión. Los efectos negativos del estrés repercuten en la productividad y el ambiente laboral. ¿Cómo podemos combatir el estrés laboral y trabajar más felices?

Según un estudio que publicado por Regus, el 65% de los trabajadores españoles acusa el mayor nivel de estrés de los últimos cinco años. Las causas principales son los problemas tecnológicos, la inestabilidad laboral y la falta de hábitos saludables. Casi tres cuartas partes de los encuestados prefiere trabajar desde distintos lugares para combatir el temible estrés de la oficina. Muchos ven envidiable la situación del freelance en cuanto a conciliación familiar y flexibilidad de horarios. Veamos con mayor detenimiento qué genera estrés laboral y las medidas que se pueden tomar para acabar con él.

Detectar las causas

Una de las principales causas es la inestabilidad laboral. El aumento de la inseguridad respecto a si podremos conservar nuestro puesto nos somete a una preocupación excesiva por el despido.

La falta de conciliación laboral es otra de nuestras grandes preocupaciones. Cuando las jornadas son impredecibles o excesivamente largas, la intranquilidad se agudiza aún más y se suman los problemas de alteración del ritmo biológico.

Ante una sobrecarga de volumen o ritmo de trabajo también nos estresamos. No podemos guardar los tiempos requeridos de descanso y nuestra estabilidad se ve seriamente alterada.

El exceso de responsabilidad nos deja exhaustos/as. Cuando hay un desequilibro significativo entre nuestro nivel de esfuerzo y la compensación que recibimos por ello, nos afecta. La falta de motivación también mina nuestra salud cuando nos toca hacer tareas demasiado repetitivas o monótonas.

Las condiciones en las que trabajamos es otro factor que determina los niveles de estrés laboral. Desde la falta de resolución de problemas técnicos para que podamos avanzar con las tareas asignadas hasta la exposición a entornos insalubres o la realización de trabajos peligrosos.

Por último, un ambiente laboral inadecuado termina con la moral de cualquiera. La falta de apoyo en el trabajo y el acoso por parte de compañeros y superiores son el amargo ingrediente con el que muchas veces aderezamos nuestra jornada laboral. ¿Cómo no vamos a estar estresados/as?

Buscar las soluciones

Podemos tomar medidas a nivel personal, como cuidar nuestra salud con dieta sana, ejercicio, técnicas de relajación y un descanso adecuado. Pero más allá de nuestra actitud, se han de tomar decisiones en la empresa.

El estrés laboral no solo tiene efectos negativos sobre los trabajadores, sino que repercute directamente en los intereses de las empresas. Se producen absentismos injustificados, accidentes de trabajo e incluso incapacidades laborales.

Se debe procurar que los horarios de trabajo permitan la conciliación. Los turnos rotatorios deben ser estables y predecibles. Hay que comprobar que las exigencias de trabajo sean compatibles con las capacidades y recursos del trabajador y permitir su recuperación después de tareas físicas o mentales particularmente exigentes.

Se han de definir claramente los roles y responsabilidades, y planificar racionalmente las cargas de trabajo. En la medida de lo posible, hay que evitar la ambigüedad en temas de estabilidad laboral y motivar a los empleados en su carrera profesional.

Es una buena práctica de responsabilidad social corporativa mejorar el clima en el ambiente laboral y fomentar una comunicación fluida.

Por último, muchas empresas están empezando a ofrecer jornadas flexibles a sus empleados con el fin de mantener su productividad y producción. Según el estudio de Regus, más del 70% de los encuestados cree que los trabajadores flexibles se encuentran en una mejor situación respecto a los profesionales que desempeñan su trabajo exclusivamente en la oficina.