A lo largo de nuestra experiencia laboral, hemos pasado por situaciones que pensamos que los reclutadores no van a ver con buenos ojos. La opción no es ocultarlas, porque pueden levantar sospechas y motivar que no se tenga en cuenta tu candidatura. Apuesta por revalorizarlas y darles un sentido positivo.

Tampoco es cuestión de aburrir al reclutador. Trata de estructurar tu CV por años en lugar de por meses. Acompaña cada mención del puesto que hayas ocupado de una breve descripción. Esto te permitirá destacar lo positivo de las partes menos lucidas de tu CV y mostrar que has estado activo y en todos los casos has adquirido habilidades y competencias útiles para el trabajo que vas a desempeñar.

Cuando no te has dedicado a tu profesión durante un periodo extenso

La experiencia que hayas alcanzado en ese tiempo puedes incluirla como si describieras un solo puesto, en lugar de detallar cada dedicación que has tenido dentro de un sector que no interesa a quien se encarga de seleccionarte. También puedes optar por incorporarlo en una apartado distinto, como “otras experiencias adquiridas” o “trabajos que complementan mi perfil”.

Lo que puedes contar en este punto es cómo se han visto potenciadas tus habilidades con esta experiencia. Por ejemplo, si has sido teleoperador, habrás conseguido mantener una comunicación eficaz y habrás resuelto gestiones de manera rápida. Otra profesión muy común es haber trabajado en hostelería; de camarera habrás desarrollado una capacidad especial de atención al público y de gestionar y establecer prioridades.

Si has tenido que utilizar un idioma para el desempeño del trabajo, destácalo.

Si optaste por emprender y no funcionó, refleja los aspectos más productivos de la experiencia: trato con proveedores, gestión del trabajo, gestión administrativa, negociación…

Cuando has sido parado/a de larga duración

Tienes la posibilidad de orientar la situación hacia la formación que has adquirido. No se trata solo de mencionar los cursos en el apartado de formación. Inclúyelo como una experiencia más en la cronología. Cuenta que has obtenido nuevas habilidades gracias a los estudios y que te has puesto al día de las novedades del sector gracias a tu búsqueda activa de empleo y el interés que te mueve.

Si has estado al cuidado de los niño o de un adulto dependiente mientras dedicabas el resto del tiempo a encontrar trabajo no hay que esconderlo; solo hay que hacer ver que la situación se ha solucionado lo suficiente como para que tú te pongas a trabajar.

Cuando no tienes experiencia anterior

Lo principal en este caso es centrarse en las habilidades adquiridas a través de los estudios y de la formación complementaria. Para que quede más vistoso, puedes optar por un currículum redactado, sin que supere una página. Destaca los aspectos importantes en negrita para que se pueda leer rápidamente.

También puedes incorporar un apartado de cualidades que posees para el trabajo y cómo las has adquirido. Por ejemplo, “mis años de estudios me han proporcionado la capacidad de planificarme y organizar el tiempo para sacar adelante un objetivo”.

Potencia las habilidades desarrolladas en labores de voluntariado, iniciativas de acción conjunta (si has montado una revista o has pertenecido a una asociación de estudiantes, por ejemplo) o proyectos propios en los que hayas tenido que buscar recursos o iniciar una pequeña campaña de difusión. ¿No ha sido el caso? Pues puedes empezar por ahí. Son experiencias que te ayudan a adquirir capacidades útiles para tu futuro laboral. Además, mejoran y completan tu perfil.

Un último consejo válido para cualquier tipo de CV. Siempre hay que potenciar el entusiasmo por comenzar la actividad laboral, no solo en una carta de presentación; las ganas de empezar a trabajar en el puesto al que te presentas deben impregnar el tono general de tu currículum.