Según la wikipedia, un jefe es la persona que se encarga de formular objetivos para un grupo y de proporcionarles los medios materiales y humanos necesarios para cumplirlos. Aquel que toma decisiones para que esos objetivos lleguen a un buen puerto y sabe reaccionar ante situaciones imprevistas. Mientras que líder se define como una persona con un conjunto de habilidades y conocimientos que utiliza para influir en un grupo determinado, haciendo que este equipo trabaje con entusiasmo.

A la vista de estas definiciones, se podría deducir entonces que para llegar a ser un buen directivo hay que reunir lo mejor de cada uno de estos perfiles: la capacidad del jefe para plantear y lograr objetivos, y la habilidad del líder para motivar y comprometer a todo el equipo involucrado en ese proyecto. Pero ¿cómo se llega a alcanzar este punto de equilibrio? ¿es algo que se aprende?¿todo el mundo puede llegar a ser directivo?

Para Justo Herrera, director del Máster en Habilidades Directivas de la Universitat de València «Cualquier titulado universitario, por su cualificación, es altamente probable que termine ocupando una responsabilidad de dirección o coordinación de un equipo de empleados», de ahí la importancia que tiene contar con esta formación.

Y  no sólo para los recién titulados, sino también para profesionales que ya cuentan con experiencia porque, según señala, la práctica profesional crea con frecuencia más malos hábitos que buenos hábitos: “Ex alumnos con décadas de experiencia en el desempeño directivo son los que más han adquirido conocimientos, habilidades y valores gracias a este tipo de programa formativo”.

Este “saber hacer”, estas capacidades necesarias para una buena dirección, no son inmutables sino que deben evolucionar con el entorno, y en estos momentos ese entorno es bastante turbulento. Por eso, el objetivo que persiguen es doble: por un lado, transmitir las habilidades que van a necesitar para gestionar el nuevo modelo de empresa que está surgiendo, con estructuras organizativas más planas y menos jerárquicas, y por otro hacer que desarrollen valores de compromiso tanto con su propia organización como con la sociedad en la que conviven.

10 habilidades que todo directivo debería dominar

  • Intuición. Para saber interpretar correctamente la situación de su equipo, el clima laboral… e identificar posibles problemas.
  • Carisma. Para saber motivar y comprometer a su colaboradores en el proyecto común, utilizando herramientas de trabajo como reuniones, comunicación,…
  • Versatilidad. Para adaptarse a los cambios y conseguir que sus colaboradores adopten una posición acorde con esta adaptabilidad al cambio.
  • Visión. Para incorporar el pensamiento estratégico y las habilidades estratégicas en el desempeño de su actividad.
  • Organización. Para utilizar la fijación de metas, la gestión por competencias, la dirección por objetivos, el cuadro de mando…, como habilidades en el desempeño diario de la actividad directiva.
  • Entusiasmo. Para conseguir el compromiso y apoyo de colaboradores y resto de agentes en nuestros proyectos directivos.
  • Empatía. Tanto para obtener la confianza de los demás cómo para aprender a confiar en los demás, un requisito fundamental de los procesos de delegación, con los que conseguir repartos de cargas de trabajo eficientes entre los componentes del equipo.
  • Diplomacia. Para saber resolver conflictos dentro del grupo, gestionando el conflicto funcional (positivo) y los conflictos de intereses a través de habilidades de negociación, evitando la deriva hacia situaciones de conflicto interpersonal (negativo).
  • Resolución. Para saber gestionar las situaciones de crisis dentro del equipo, de la disciplina proactiva (no coactiva), del estrés, manteniendo el clima o ambiente laboral en los niveles óptimos de convivencia y eficacia.
  • Disciplina. Para aplicarla en la autoorganización personal y profesional y la gestión del tiempo propio y de los colaboradores.