Hace unas semanas, el grupo parlamentario de Unidos Podemos ha presentado, junto a la Oficina Precaria y el Consejo de la Juventud, una proposición de ley en la que se obligaría a las empresas a pagar a los becarios la parte proporcional que corresponda, según el número de horas trabajadas, teniendo como referencia el Salario Mínimo Interprofesional. También, la compañía debería costear, adicionalmente, tanto el transporte como la manutención de dichos estudiantes, teniendo en cuenta las condiciones que los trabajadores tengan establecidas. Se trata, pues, de un primer paso que, de salir adelante, ayudaría a los miles de becarios actuales y los que están por llegar, a tener al fin una ley que les represente.

Los estudiantes nos peleamos, casi literalmente, por hacer prácticas mientras estamos realizando una carrera universitaria. Vamos y venimos, de una a otra. Tres meses aquí, seis meses allá. Muchas bienvenidas y las mismas despedidas. Nos acabamos convirtiendo en nómadas que vagamos mendigando ser becarios. 

Los alumnos de periodismo conocemos bien la situación. Según el informe Becari@s en los medios de comunicación realizado por la Confederación Nacional del Trabajo, “los perfiles más demandados dentro de los Convenios de Cooperación Educativa son los de Periodismo, Comunicación Audiovisual y Relaciones Públicas”.

Las prácticas externas en los estudios universitarios (las más famosas) no implican ninguna relación laboral entre estudiantes y empresas. Se firma un convenio supervisado por la universidad que busca fomentar la inserción de los jóvenes alumnos en el mundo laboral, el acercamiento a aquellas empresas en las que esperan trabajar en un futuro que, cuanto más cercano sea, mucho mejor.

Sin embargo, estos programas no esconden otra cosa que contratación laboral encubierta. El Real decreto 592/2014, de 11 de julio que regula dichas prácticas, no establece obligatoriedad de compensación económica por parte de la empresa. Por ello, según el estudio The experience of traineeships in the EU, realizado por la Comisión Europea, el 61% de los becarios no recibe ningún tipo de remuneración en España. Un estudiante puede pasar un mínimo de 4-5 horas diarias en una redacción y la empresa no está obligada a compensarle, aunque sea simbólicamente.

La crisis ha sido un punto de inflexión en este tema. Aunque esta historia de abusos de las empresas sobre los estudiantes no es algo nuevo, en los últimos años- de 2013 a 2015- el número de becarios ha crecido en un 350%, según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Cada vez más compañías deciden aumentar el número de estudiantes en prácticas que hay en sus oficinas. Pero, ¿en qué se traduce esto? Muy sencillo: el aumento del número de becarios dentro de una empresa no tiene la finalidad de brindar una mejora formativa de los mismos, sino que provoca el despido de trabajadores y la destrucción de puestos de trabajo reales.

Esta situación está derivando en lo que hemos bautizado como la “becarización” del mercado laboral. Las empresas cuentan cada vez con más estudiantes en prácticas en sus plantillas, a los que no pagan nada. El negocio es perfecto y los empresarios maximizan sus beneficios a costa de precarizar un mercado que agoniza. Nos vemos sumidos en una cultura donde la explotación laboral en los medios de comunicación se ha convertido en la tónica habitual para cualquier estudiante de Periodismo (aunque no somos los únicos) que quiere tener contacto con el mundo laboral.

Cambiar esta tónica pasa por avanzar. Avanzar en los derechos del eslabón más bajo y débil de cualquier profesión. Y no basta con reformar la actual norma que lo rige de una manera tan ambigua como es el ya mencionado Real Decreto 592/2014, de 11 de julio. Es fundamental establecer unas reglas claras, con unas normas fijas que impidan que cualquier empresa las moldee -parafraseando a nuestro Presidente- en beneficio: el suyo. Los estudiantes deben estar sujetos a un contrato en prácticas donde se cubran unas necesidades económicas acorde al contexto (estudiante sin ingresos fijos) y a las horas empleadas, las cuales deben regirse siempre con el saber de que no cumple las funciones de un profesional contratado y, por lo tanto, no deben ser empleados como mano de obra barata que cubra las vacaciones del compañero o compañera de turno que se va de vacaciones. Es intolerable que un estudiante tenga un horario nocturno o incompatible con sus estudios. O que se vea en la necesidad de postergar sus años formativos para poder ir enlazando unas prácticas con otras como única solución a estar presente en una empresa. El objetivo primero de todas prácticas ha sido, es y debe seguir siendo facilitar la inserción laboral a los recién formados o que están en vías de ello, no aprovecharse de ellos.

 

Autores: Dani Domínguez y Eduardo Robaina, periodistas e impulsores del Manifiesto por la defensa del becario. También forman parte de la plataforma en defensa de unas prácticas dignas para los estudiantes de Periodismo, una iniciativa de la FAPE.