Más del 70% de quienes trabajan por cuenta propia nunca falta al trabajo, según el último Estudio Nacional del Autónomo. Esto no se debe a que los autónomos tengan una salud de hierro, sino a la precariedad de su cobertura social que los obliga a continuar con su labor cuando no están en condiciones de hacerlo. La baja por enfermedad es un derecho fundamental que, en la práctica, no tienen las personas que trabajan por cuenta propia.

¿Por qué los autónomos no se ponen malos?

Cuando decimos autónomos, por lo general, nos referimos a personas que obtienen beneficios por debajo de 45.000 euros anuales. Esto no es una media, sino un máximo. A partir de esta cifra se dice que fiscalmente la figura de autónomo no interesa, por lo que se suelen adoptar otras formas fiscales.

Hablamos de un máximo, pero el mínimo está en torno a los 13.300 euros anuales. Atención que esto no es un mínimo oficial tampoco, si cobras menos de esta cantidad, no cotizas y te pilla una inspección, la Seguridad Social puede llegar a exigirte las cuotas si considera que tu actividad es continuada. A este montante hay que restar un mínimo del 15% y un máximo del 25% (en función de los beneficios que se hayan obtenido) de IRPF.

Ahora bien, con este panorama, los autónomos tienen que hacer frente a una enfermedad y pasar a cobrar, en el mejor de los casos, tan solo un porcentaje de esta manutención. Esto sucede igual que en el caso de las personas asalariadas. Pero, además, se arriesgan a perder el negocio (que es su medio de sustento) por no estar al frente o bien subcontratar a alguien durante su ausencia y descontar ese coste de su manutención, pues ya ni siquiera se bonifican las cuotas sociales de este tipo de contratación.

Es por este motivo por el que los autónomos no pueden permitirse una baja por enfermedad. En la práctica, sus derechos no están igual de protegidos que los de las personas asalariadas.

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Qué cobra un autónomo de baja por enfermedad

La cobertura de las bajas por enfermedad están sujetas a la base reguladora de la persona autónoma. Es decir, lo que gana descontando el IVA y el IRPF. Si trabajas por cuenta propia y solicitas la baja por enfermedad y se trata de una enfermedad común, empezarás a cobrar el 60% de la base reguladora a partir del cuarto día de baja. Si sobrepasas los 20 días de baja, cobrarás el 75% hasta el mes 18, momento en el que tendrás que someterte a un tribunal médico para que evalúe tu caso si quieres seguir percibiendo esta cuantía. A partir de los 60 días de baja, no tendrás que pagar la cuota  a la Seguridad Social. Algo que en la práctica sucede de manera muy ocasional.

En el caso de que tengas una enfermedad laboral o asociada a un accidente en el trabajo, empezarás a cobrar la baja a partir del segundo día. Y, desde el principio, será un 75% de la base reguladora. Ten en cuenta que ya no tendrás ninguna bonificación por contratar a alguien que te sustituya, como antes de que se introdujeran los últimos cambios, pero sí tienes derecho a percibir una subvención para adaptar tu puesto si has sufrido un accidente laboral y necesitas esta adaptación.