El testimonio de una ingeniera que consiguió abaratar el coste de producción a costa del empleo de un trabajador cualificado nos hace reflexionar sobre la automatización del trabajo. Las cuentas de las empresas se ven muy favorecidas, pero ¿en qué posición se quedan los empleados que ya no necesitan?

Erin Winick es esa ingeniera. A menudo, trata el tema de la automatización de procesos de producción en la MIT Technology Review, la revista sobre tecnología más antigua del mundo, asociada al Instituto Tecnológico de Massachusetts. En uno de sus artículos nos cuenta cómo, cuando se encontraba de prácticas en una empresa, le tocó desarrollar un modelo que agilizara el proceso de fabricación de unos moldes. Para conseguir este objetivo, le fue imprescindible contar con los conocimientos del diseñador del proceso que habían usado hasta entonces. Gracias a su colaboración, se logró mejorar el modelo y que la empresa ahorrara muchos costes en la producción. Este hecho significó el fin de la carrera del diseñador en la compañía.

Hay muchos informes que reflejan en datos la destrucción de empleo a causa de la automatización de procesos. Podemos centrar la atención, por ejemplo, en un sector muy importante para la economía española y donde se están poniendo muchas esperanzas en la recuperación de empleo. Nos referimos a la hostelería y turismo. Según un dosier presentado por CaixaBank Research, “el 58% de los puestos de trabajo actuales del sector turístico español tienen un riesgo elevado (con una probabilidad superior al 66%) de ser automatizados a medio plazo”.

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Sin la veteranía, no se pueden automatizar procesos

Tal como reconoce la propia Erin Winick, para mejorar un proceso, hacerlo más rentable y, de esta manera, que la empresa incremente sus ganancias, hay que contar con la opinión de los expertos que después perderán sus puestos. Visto desde el otro lado, como trabajador, conviene detectar cuándo, por decirlo de algún modo, entra el lobo en casa y se ve venir un cambio de este tipo.

Los empleados que se encuentren en esta situación, observarán que hay hacia su trabajo un interés especial. Se les pregunta por cada una de tus funciones de una manera abierta y buscando siempre una colaboración amable. Es muy probable que, gracias a este tono cordial, se animen a ofrecer todo tipo de detalles, como en el caso que retrata Erin Winick.

Abandonar ese tono cordial o negarse a proporcionar información puede no ser de mucha utilidad. Si la empresa ha decidido realizar esta inversión es muy posible que sea una determinación imparable. Sin embargo, estar sobre aviso les permitirá a los trabajadores aumentar las oportunidades de negociación sobre tu futuro. Si han conseguido una estabilidad en la compañía, quizá puedan plantear la situación y buscar entre las partes un acuerdo que no deje completamente desprotegidos a los empleados.

Empezar a buscar soluciones ante la destrucción de empleo

Es necesario tratar de construir un pacto más o menos ventajoso entre quien pretende automatizar puestos de trabajo, es decir, la empresa, y los empleados que va a ser probablemente sustituidos. Las compañías no pueden ganar sin medida a costa de dejar cadáveres en su crecimiento. La empresa ha de implicarse en esta fase. Si no lo hace por iniciativa propia, es preciso que se implanten medidas que obliguen a tener en cuenta este punto.

Al fin y al cabo, de estos trabajadores desheredados termina por hacerse cargo el Estado, si puede, o bien la sociedad se ve obligada a asumir una grave descompensación social que puede hacer tambalear los cimientos de cualquier estabilidad. De alguna manera debe estar compensada esta damnificación.

Lo ideal sería tratar de encontrar una forma sostenible de crecimiento. Igual que se invierte en innovación de proceso, deberían invertirse en innovación en reciclaje. Este es un problema que venimos arrastrando desde la era industrial. Ahorrar costes en la producción implica ahorrar fuerza de trabajo. Para muchos, la sensación es que la sociedad se termina autorregulando. Sin embargo, todo depende del dónde quiera uno poner el foco.

Un avance tecnológico en la producción suele ir asociado a una gran crisis de empleo que termina afectando a todos los sectores y que acrecienta, sin duda, las desigualdades sociales. Puede que pasado el tiempo la situación se estabilice, pero no se puede cerrar los ojos cuando está sucediendo.

Reciclarse es un must

La solución que propone Erin Winick a los trabajadores que se van a quedar sin empleo debido a una automatización de la producción es que se reciclen. Que lo hagan incluso a costa de su tiempo y esfuerzo económico. No vamos a secundar esta parte. No se puede responsabilizar precisamente a los damnificados, todas las partes deben intervenir en la medida de sus posibilidades. Sin embargo, es un buen comienzo.

Sabemos que cuando se tiene una trayectoria consolidada a las espaldas y la jubilación a no demasiados años vista, es muy difícil tener en mente el reciclaje. Ahora bien, este es un paso cada vez más necesario al final de una carrera profesional también. La formación debe ser continuada a lo largo de toda la vida laboral.

Las empresas pueden implicarse en este proceso y potenciar la veteranía de sus empleados, hacerla rentable para la compañía, aunque sea en otras áreas. De esta manera, la pérdida de puestos de trabajo podría verse muy reducida. El objetivo no sería ahorrar fuerza de trabajo, sino invertir para que esta resultase más rentable.