Sin duda la crisis ha supuesto un varapalo a las expectativas vitales de los jóvenes españoles. Altos niveles de desempleo, precariedad en la contratación con una importante tasa de temporalidad y empleo parcial, pobreza, emigrar para poder trabajar. Estas dificultades para desarrollar un proyecto vital tienen consecuencias directas que ya recogen las estadísticas: un bajo índice de natalidad y el retraso en la edad de emancipación.

Dos de cada tres jóvenes adultos está trabajando

No obstante, de forma paulatina, la lenta mejora de los datos en el empleo también influye sobre este colectivo. El informe FUNCAS (Fundación de las Cajas de Ahorros) señala que dos de cada tres personas entre 25 y 29 años estaba empleada en el tercer trimestre de 2017. Este dato significa un aumento de seis puntos porcentuales (pp), un 66% respecto al peor año de la crisis, el 2013, en el que solo trabajaba el 60% de los jóvenes con esa edad.

Pero esta cifra es todavía significativamente menor que la que había antes del comienzo de la crisis. En el año 2006 trabajaba el 78,8% de las personas con  esa edad.

Las diferencias son notables  también cuando se compara con países que son referentes como Alemania o Francia donde cerca del 80% de este colectivo está trabajando. Por el contrario, está el caso de Italia donde solo uno de cada dos jóvenes adultos trabaja.

El informe observa la población de jóvenes adultos, es decir entre los 25 y los 29 años. Este colectivo se supone que ya ha finalizado sus principales estudios y comienza su vida laboral con la formación adquirida. Con el fin de ampliar la perspectiva, el estudio añade a su análisis  los datos de países de nuestro entorno como Francia, Alemania e Italia.

El empleo aumenta seis puntos entre los jóvenes entre 25 y 29 años

Los estudios universitarios mejoran las expectativas de empleo

Tener estudios universitarios proporciona mejores perspectivas de empleo y de empleabilidad en casi todos los países europeos. En España, quienes se han graduado tienen una tasa de empleo de ocho puntos por encima de aquellos que solo han llegado hasta la educación secundaria y trece puntos por encima de quienes solo tienen estudios primarios. En Francia ocurre algo similar respecto a la titulación universitaria pero en Alemania la empleabilidad de jóvenes con estudios de formación profesional y los que optaron por universitarios arroja unos datos parecidos. El motivo está en el gran prestigio que tiene la formación profesional dual en ese país.

En Italia, ocurre algo sorprendente y es que los jóvenes con un grado universitario tienen peores tasas de empleo que aquellos que se han decidido por la formación profesional.

El momento de la independencia se retrasa

Salir del hogar familiar tampoco está resultando fácil. En la Europa del sur, en Italia y España, un 60% de los jóvenes adultos permanecen en casa de sus padres. En cambio, los jóvenes nórdicos se emancipan antes. Solo el 10% de las personas entre 25-29 años permanece en el hogar paterno.

Existen diferencias significativas entre hombres y mujeres a este respecto. De las mujeres jóvenes que han finalizado su formación una de cada dos sigue viviendo en la casa familiar mientras que, entre los chicos, un 68% todavía no se ha independizado. Curioso es también el caso de Alemania donde las mujeres se independizan el doble que los hombres.

Formar una familia

La tasa de natalidad se está viendo claramente afectada por este fenómeno. La edad para tener el primer hijo en 2006 era de 29,3 años, actualmente se sitúa en 30,8 años. La precariedad laboral de las jóvenes adultas, y la perspectiva de que tendrán que asumir una mayor responsabilidad en el cuidado de los hijos y limitada su carrera profesional motiva el retraso de la maternidad.

Esta falta de oportunidades laborales, sin embargo, ha provocado un efecto que podría verse como positivo y es que se ha producido una mayor inversión en formación. Cuando en 2006 la población mayor de 16 años que tenía estudios universitarios era del 15, 6%  actualmente son un 28, 4%.