La asertividad es la cualidad de exponer tus intereses de una manera efectiva para hacer que se cumplan. Sobre todo si dependen de la voluntad de otras personas. No se trata de persuadir, sino de manifestar tus derechos u objetivos sin trampas y con educación. Hay que expresarse con claridad y sin provocar, atender a la reacción del entorno y proponer una solución o vía de resolución.

Se trata de una cualidad te ayudará en tu camino profesional. Es cierto que hay quien nace con esta habilidad, pero también se puede trabajar. Esto es lo que debes tener en cuenta para comenzar a actuar con mayor asertividad:

Tres perfiles que hay que evitar si quieres ser una persona asertiva

Por lo general, todo el mundo tiene a alguna persona asertiva cerca de quien aprender algo. En un entorno laboral, son aquellos que consiguen que se les escuche y que se tenga en cuenta su opinión y reivindicaciones. A veces se achaca esta diferencia de trato a cuestiones peregrinas y poco fundamentadas (que tienen un enchufe, por ejemplo). Sin embargo, en muchas ocasiones se trata simplemente de que es una persona asertiva.

Estos son los perfiles que más se alejan de los trabajadores asertivos:

  • El buen empleado que nunca dice nada. Esta actitud puede beneficiar mucho a la empresa y a los mandos intermedios. No causas problemas, pero tampoco haces nada por defender tus intereses. La mejora de tus condiciones queda a la espera de que te coronen con una tiara. La recompensa que estás esperando por tu “buen” comportamiento no llega cuando deseas o, simplemente, nunca llega.
  • El empleado agresivo. Defiendes tus derechos y te pronuncias ante las injusticias que se cometen sobre tus intereses. Sin embargo, te pierden las formas. A menudo te preguntas por qué no se cumplen tus expectativas, pese a que te expresas claramente. ¿Has probado a hacerlo de una manera menos agresiva? Seguro que conseguirás además mejorar el ambiente.
  • El que se pasa de asertivo: ojo, todo tiene una medida. Tampoco es muy recomendable manifestar solo tus intereses. Aunque lo hagas de una manera asertiva, puede que estés cometiendo el error de no calibrar el entorno y el momento. Para acertar con la medida es preciso ser sensible hacia las necesidades de otros y las circunstancias por las que atraviesa la empresa.

Ejemplo práctico

Una reacción agresiva se produciría cuando llega un trabajador en un cambio de turno y dice en pleno invierno: “No hay quien soporte este olor a tigre, ¿es que la gente no se lava? voy a abrir las ventanas”. Un trabajador “dócil” se quejaría sin llevar a cabo ninguna acción (o simplemente se callaría) y soportaría el olor. Una actitud asertiva consistiría en preguntar a los compañeros si puedes abrir las ventanas, pues el ambiente está lógicamente cargado después de pasar un turno y es saludable renovar el aire de la estancia. No se culpabiliza a nadie y se actúa para mejorar la situación.

El trabajador agresivo podría decir de sí mismo que siempre se enfadan con él cuando expresa sus intereses; el “buen empleado”, que nadie hace caso de sus necesidades; al que se pasa de asertivo, se le puede tachar de frívolo. Es la persona moderadamente asertiva la que consigue mayor estabilidad con el entorno y una respuesta más positiva hacia sus reclamaciones.

Cómo ser asertivo

Pasos para convertirse en una persona asertiva

Puedes mejorar tu asertividad y empezar a ver cómo cambia la actitud de tu entorno laboral hacia ti. Tus reclamaciones tendrán mejor acogida y poco a poco conseguirás que tu opinión sea tenida en cuenta. Empieza por seguir estos pasos y observa los efectos que causan a tu alrededor:

  • 1. Expón de una manera argumentada y sin culpabilizar a terceros lo que piensas que se debe modificar de una situación o circunstancia. Puedes hacer hincapié en las consecuencias negativas que genera. Es importante no emitir juicios ni críticas sobre los que te escuchan. Solo habla de la situación concreta que quieres que se resuelva.
  • 2. Mantén una actitud sosegada, sin alterarte por las críticas o las posturas contrarias a tu parecer. No dejes que la cuestión se vaya por las ramas y se empiece a hablar, al hilo de lo que has planteado, de otras cosas que no tienen que ver. Redirige siempre la exposición hacia el centro de lo que has expuesto al inicio.
  • 3. Propón una posible solución al problema. Pero no la dejes cerrada. Escucha las aportaciones y pareceres de tu entorno y busca un punto común en el que podáis estar de acuerdo. En ocasiones se tratará solo de un punto de partida, quizá no de la solución completa, pero es una vía abierta para poder seguir trabajando. Esto ya significa haber conseguido una mejora.