Al parecer la imagen de un pintor apasionado o un actor bohemio está peleada con la de un empresario exitoso. El inconsciente colectivo cree que el arte y la cultura son opuestos al dinero y, por eso, pocos se atreven a emprender en este nicho. Pero es posible tenerlo todo sabiendo montar un negocio.

Espacio Empresarial es una consultoría mexicana especializada en formar y capacitar a emprendedores y recientemente se ha enfocado en el emprendimiento cultural.  Al trabajar en distintos giros como gastronomía, artesanías, artes plásticas, notaron que la mayor parte de los empresarios  tienen problemas en la gestión de su compañía.  “El emprendedor normalmente es un artista que quiere dar a conocer su arte y difundir la cultura pero que no estudió para ser empresario, así que necesita apoyo en administración, mercadotecnia, personal, operaciones, contabilidad, finanzas, aspectos legales, etcétera”, afirma Rosalina Pizarro, directora de Espacio Empresarial.

El año pasado empezaron a trabajar con otras instituciones privadas y públicas como el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) para crear un comité que atiendiera a todos aquellos proyectos emprendedores en temas culturales, que en México representan el 7,3 % del producto interno bruto.

“Lo que distingue al emprendedor cultural del resto es  que tiene una motivación que supera el solo ganar  dinero. Su interés principal es el de mostrar su trabajo, dar a conocer su cultura, conservar su patrimonio cultural, ser reconocido por su talento, cuestionar a la sociedad a partir del arte, así como generar productos innovadores y útiles”, apunta Pizarro.

Algunos proyectos culturales han cambiado la forma de hacer negocios en México. Bandtastic, por ejemplo, es una web que se dedica al fanfunding para lograr que bandas poco conocidas o que no tienen dinero para ir a México puedan presentarse gracias a la financiación de sus admiradores. Es uno de los proyectos más ambiciosos y exitosos en el útilmo año y que según sus creadores, se logró gracias a la falta de oferta cultural alternativa e independiente en el país.

Este tipo de ejemplos exitosos se pueden lograr con una buena idea y un buen plan de negocio. Los laboratorios de emprendimiento cultural buscan justo que el joven que ha salido de la universidad y quiera montar su propia editorial y el pintor que quiere abrir su galería, puedan hacerlo con las herramientas necesarias.

A pesar de los contras de este tipo de negocio (el alto riesgo, que no son sujetos de la banca comercial, sus procesos de producción son muy cambiantes, la inestabilidad en el flujo de efectivo y el hecho de que muchos algunos ni siquiera son reconocidos como empresas), casos como el de Bandastic muestran que hay todo una industria por explotar. Según la clasificación de las Industrias Culturales del Ministerio de Colombia, existen siete nichos  -editorial, artes plásticas, escénicas, audiovisual, turismo cultural, multimedia  e interdisciplinarias— que a su vez tienen unas 42 ramas para emprender dentro del mundo de la cultura. Solo falta la capacitación.

Foto: Tijs Zwinkels (Flickr) con licencia CC