La Asociación de Proveedores de E-Learning, el nombre en inglés para el aprendizaje a través de internet, ha puesto cifras a su negocio en España: 740 millones de euros en facturación y 3,5 millones de alumnos al año. Con una oferta que va desde sacar el graduado en ESO hasta másteres universitarios de 600 horas, las perspectivas del sector son un crecimiento del 33% en el alumnado durante los próximos dos años.

Dentro de los 3,5 millones de alumnos del año 2011 está Paula Morales. Un máster de enseñanza de español como segunda lengua y un congreso mundial de profesores de español del Instituto Cervantes, ambos realizados sin tener que haber visto ni una sola vez a sus compañeros y profesores, avalan su experiencia con este modo de aprender.

Esta falta de socialización es precisamente la única desventaja que Morales achaca al e-learning, aunque también es consciente de que es tan “impersonal como tú quieras hacerlo”. Herramientas como el Skype permiten mantener charlas cara a cara con los tutores, aunque Morales reconoce que ella nunca recurrió a esta posibilidad.

Por el lado de las ventajas, Morales tiene muchas más que decir: “Poder elegir tus horarios, trabajar desde casa, elegir tu ritmo de aprendizaje, no tener que esperar durante una hora mientras el profesor te da la vara aunque lo hayas entendido ya…”. A los pros que esta alumna ve, la Asociación Nacional de Centros de Educación a Distancia (ANCED) añade que “se pueden hacer grupos más amplios de alumnos y se dispone de los recursos online como textos, vídeos o gráficos”.

Para ANCED un buen curso online debe tener, además de los lógicos “contenidos de calidad”, “una plataforma de teleformación que dé la posibilidad de enviar y recibir consultas con el tutor de forma inmediata; de realizar ejercicios y evaluaciones periódicas; que contenga foros, una biblioteca, páginas con enlaces de interés, noticias, un calendario…”. Para la parte práctica que ciertas especialidades evidentemente necesitan, ANCED alega que se puede compaginar la teleformación con una parte presencial, “aunque gracias a los simuladores virtuales, la formación presencial se puede cubrir prácticamente en su totalidad”.

A la hora de las evaluaciones, los cursos online usan dos modelos principales. Uno son los exámenes de tipo test, para los que se accede a una parte especial de la plataforma de aprendizaje que realiza una serie de preguntas que deben ser contestadas en un tiempo determinado. Morales califica estos exámenes de “tontería” ya que, “si te lees el libro y te sabes el índice, basta para aprobar”.

El segundo método, trabajos como los del colegio, sí convence a esta alumna. “Te pedían cosas muy prácticas”, explica, “como hacer una sesión para enseñar español a un niño de siete años que es nivel A2”. Según ANCED, son las evaluaciones offline, en las que se realizan preguntas en las que el alumno debe desarrollar una respuesta para luego enviarlas al profesor, “las que garantizan la calidad de aprendizaje”.

Al fin y al cabo, la enseñanza sin aprendizaje se queda un poco coja.

 

 

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