Las nuevas técnicas de aprendizaje ponen el acento en la forma en la que el estudiante se enfrenta a las tareas académicas. Se tienen en cuenta tanto las motivaciones que estimulan el adquirir conocimientos como las estrategias que se utilizan para conseguir los objetivos académicos. Pero aprobar un examen no implica haber aprendido, al menos no en profundidad.

Expertos en aprendizaje han definido tres modos de enfrentarse al estudio. Esta clasificación no supone un perfil fijo, sino más bien una actitud que puede cambiar dependiendo del contexto.

Enfoque superficial

El interés principal es cumplir con unas determinadas exigencias académicas que no encuentran reflejo en las inquietudes personales. La motivación es externa, no nace del interés propio. Las tareas son puros requisitos institucionales. Los estudiantes que se enfrentan de este modo al aprendizaje adoptan estrategias como la memorización o la reproducción mecánica, en la que la implicación personal es mínima.

Se le da una gran importancia al tiempo invertido en el estudio, por lo que se evita relacionar temas y conceptos. La atención se centra en el fracaso y no en aprender. Como consecuencia tendremos un tipo de estudiante insatisfecho y que piensa en abandonar antes de tiempo.

Enfoque profundo

Los muy motivados son aquellos alumnos que adoptan un enfoque profundo del aprendizaje. Esta actitud supone un gran afán por comprender. Existe un interés por la estructura y los contenidos más que por los detalles.

Las estrategias que se adoptan son aquellas que profundizan en el conocimiento relacionando temas y conceptos, leyendo de forma comprensiva y vinculando los nuevos conceptos con el conocimiento previo y la experiencia.

El aprendizaje se convierte en un proceso emocionalmente satisfactorio. Las tareas que se abordan resultan motivadoras e interesantes. Este enfoque se considera de alto nivel cualitativo. El aprendizaje colaborativo facilita y promueve el enfoque profundo del aprendizaje.

Enfoque de logro o estratégico

Los más competitivos se enfrentan al estudio desde un enfoque de logro o estratégico. En este modo de adquirir conocimientos existe una motivación tanto externa como interna, pero la interna no está relacionada con el aprendizaje, sino con sobresalir entre los compañeros. Sacar las mejores notas.

Esto requiere de estrategias donde se da mucha importancia a la autodisciplina, el orden, la planificación o la distribución del tiempo. Se pone esmero en entregar trabajos en las fechas previstas y cumplir a rajatabla con los requisitos exigidos. Sólo es importante lo que vaya a ser evaluado. El resto no tiene relevancia. Estas conductas pueden desembocar en problemas de tipo tanto físico como psíquicos al generar un gran nivel de estrés.

La innovación en el aprendizaje apuesta claramente por el enfoque profundo. “La letra con sangre entra” queda lejos de inspirar los nuevos métodos educativos por ineficaz y frustrante. Las prácticas más populares inspiradas en este enfoque son el aprendizaje basado en proyectos (ABP), el método de caso (MdC) o el aprendizaje basado en problemas (ABP). Se trata de metodologías que tienen en común el trabajo colaborativo, la toma de decisiones en consenso a través de la argumentación y el pensamiento crítico y la capacidad organizativa de roles y de la información.

Y dicho esto, ¿quieres ver una clase al revés?