El coste de oportunidad es un concepto del ámbito económico que hace referencia al valor que tiene la mejor de las opciones cuando hay que tomar una decisión que tiene implicaciones económicas. Este criterio puede aplicarse, por ejemplo, para calcular la cantidad de dinero que se deja de ganar debido a la desigualdad que viven las mujeres en el terreno del empleo. Lo que se llama brecha de género, y que afecta a varias facetas de la vida laboral: salarios, desarrollo profesional, pensiones, trabajo gratuito… Se puede cuantificar la pérdida en un 16,18% del PIB del empleo. Lo que quiere decir que acabar con la brecha de género en el empleo proporcionaría 2,3 millones de puestos de trabajo.

Estas son las conclusiones del Informe ClosinGap, “Coste de oportunidad de la brecha de género en el empleo”, elaborado y presentado por PwC la pasada semana.

Indicadores de la desigualdad de género en el mercado laboral

La desigualdad laboral entre hombres y mujeres puede analizarse teniendo en cuenta diferentes indicadores. Estos son algunos de ellos: la brecha de ocupación, el desempleo, la brecha salarial.

Por cada diez mujeres con un puesto de trabajo hay doce hombres trabajando. Este es el cálculo de lo que se conoce como brecha de ocupación que se fija en 12 puntos en 2018.

La tasa de desempleo es un 3,3% más elevada para las mujeres, aunque se estrecha o ensancha según la edad.

La brecha salarial, es decir, la diferencia de lo que cobran las mujeres respecto a los hombres fue de un 15,1% menos por hora. Es decir, sin tener en cuenta que las mujeres trabajan menos horas y por ese motivo también reciben menor salario. Sin embargo, el estudio cifra la cantidad en un 21,9% en total, dejando a un lado las horas que se trabajan. Si se tiene en cuenta el tiempo, las mujeres llegan a cobrar 2,2 euros menos cada sesenta minutos de su jornada laboral que sus compañeros hombres.

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Factores que influyen en la diferencia en el empleo de hombres y mujeres

Debido a diferentes causas socio-culturales con un fuerte componente sexista son varios los factores que acrecientan la brecha entre hombres y mujeres en el desarrollo de sus carreras profesionales.

Hay una fundamental que es la interrupción laboral cuando toman la decisión de ser madres. El parón durante el tiempo de baja por maternidad y lactancia pasa una factura difícil de pagar para la gran mayoría de las mujeres. La crianza se produce en una edad que coincide en gran medida con el afianzamiento profesional. La vuelta al terreno de juego es dura porque es más difícil mantener el nivel de compromiso en una cultura empresarial donde no se tienen en cuenta las nuevas circunstancias que conllevan el cuidado de los hijos. Pero es algo que solo les penaliza a ellas.

En las nuevas circunstancias, es bastante habitual que sean las mujeres las que reduzcan las horas de trabajo para hacerse cargo de la crianza. Esto, junto a otras razones, explica que los salarios son más bajos que los que cobran sus parejas varones.

Argumentar pues quienes serán las que aparquen su faceta profesional por un tiempo en beneficio de la economía familiar parece razonable en muchos casos. Ellas renuncian a su carrera cuando son madres. Ellos despegan en sus profesiones. Dice el informe que por cada 3,5 mujeres con jornada parcial solo hay un hombre que la asume. En el caso de ellas, los motivos principales para la reducción de horas es el cuidado de un familiar o sus hijos.

La brecha salarial es multicausal

Una serie de estereotipos sobre las diferentes capacidades y roles entre hombres y mujeres impregnan la sociedad. Hasta tal punto que, las profesiones con un gran componente basado en los cuidados como la enseñanza o la asistencia sanitaria acaban siendo mayoritariamente femeninas. Sin embargo, aquellas con una gran carga tecnológica o científica, las profesiones STEM, son ocupadas fundamentalmente por hombres. Se trata de las profesiones mejor remuneradas.

En el mapa de la desigualdad que se dibuja en el estudio también se pone de relevancia las diferentes funciones que asumen dentro de las empresas. La presidencia de la compañía solo la ocupan el 8% de las mujeres frente al 92% de varones. Los consejos de administración están integrados por un 80% de hombres y un 20% de mujeres. Y en el resto de direcciones funcionales suponen un 24%. Sorprendentemente, más mujeres tienen titulación universitaria (58%) que hombres.

El análisis del coste oportunidad permite estimar la pérdida que supone que el talento femenino no ocupe en las mismas condiciones de igualdad en el empleo. El estudio calcula las pérdidas de la menor participación del talento femenino en 201.903 millones de euros. Si las argumentaciones sobre una sociedad más justa no son suficientemente escuchadas, quizás las económicas pongan en el centro de la agenda esta cuestión sobre los derechos fundamentales de la mitad de la población.