Dos liliputienses y dos ratones vivían juntos y felices en el depósito de queso Q. Pero, lamentablemente, la dicha no duró para siempre. El queso Q se fue acabando lenta pero inexorablemente y un día, al llegar los ratones y los minihombres, se encontraron con el depósito vacío. Los roedores, que se habían percatado del desgaste del producto lácteo, se calzaron sus zapatillas de correr y salieron echando lechugas hacía un laberinto aledaño a buscar el queso Nuevo mientras los humanos, que el fin del queso les pilló de nuevas, se limitaron a esperar a que se arreglase solo. Los primeros abrazaron el cambio en busca de un nuevo queso, los segundos tuvieron que aprender por las malas.

Este es el punto de partida de la parábola ¿Quién se ha llevado mi queso?, un libro de motivación escrito por Spencer Johnson. Publicado en 1998, ha vendido más de 21 millones de copias de las que pueden extraerse lecciones fundamentales que le servirán a cualquier humano, liliputiense o de tamaño medio, a adaptarse a las nuevas condiciones y a estar siempre alerta. En definitiva, a abrazar el queso.

Este abrazo mantequeso es el que Gabriela Díaz, treintañera oriunda de Madrid, ha realizado ya un par de veces en su vida. Tras estudiar económicas con un Erasmus en Francia y realizar una beca del ICEX con un máster de Comercio Exterior en Brasil, Díaz recaló en Ginebra, Suiza, donde trabajó un año en el departamento de planificación estratégica de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, dependiente de la Organización Naciones Unidas, y que Díaz describe como de “enorme peso y la única que de la ONU capaz de financiarse a sí misma”. Con una carrera de apariencia prometedora, Díaz entró en crisis.

“Empecé a reflexionar, “ explica, “sobre qué era lo que de verdad quería hacer con mi vida, tenía cerca de 30 años y cuando miraba en perspectiva no lograba ver el final de mi vida laboral: pasaría más tiempo en una oficina que lo que había vivido hasta ahora”. “Así que pensé que ahora o nunca y decidí intentarlo con el periodismo”, cuenta Díaz que reconocé que fue una decisión difícil y pensaba, durante los días que no podía dormir bien, “y si me estoy equivocando, y si me estoy equivocando”.

“Me lance a la piscina en el momento que estaba medio vacía y perdiendo agua”, resume la situación, “pero me daba igual, estaba motivada y decidida y pensaba que eran los únicos ingredientes necesarios para conseguir lo que deseaba en la vida”. Tres años después, tras trabajos en “condiciones completamente precarias”, se recicló de nuevo y ahora trabaja de administrativa.

“¿Quién sabe? Después de tantas vueltas, quizás este el sitio en el que quiero estar”, reflexiona, “ya lo veremos en el futuro. No tengo miedo en ese sentido”.

Lecciones del Queso:

  • El queso se mueve constantemente/ El cambio es un hecho.
  • Huele el queso a menudo para saber cuándo empieza a enmohecerse/ Controla el cambio.
  • Cuanto antes se olvida el queso viejo, antes se encuentra el queso nuevo /Adáptate al cambio.
  • Muévete cuando se mueva el queso / ¡Cambia!
  • El queso se mueve constantemente / Prepárate para cambiar rápidamente y disfrutar otra vez.
  • Saborea la aventura y disfruta del nuevo queso / ¡Disfruta del cambio!