Carreras por los pasillos, ceños fruncidos, ojos pegados a la pantalla del ordenador, dedos aporreando el teclado, algún grito, vasos de café medio llenos, envases de sándwich de la máquina a medio comer y montones de cigarrillos en el cenicero de la entrada a medio fumar. Sí, estás viendo una oficina estresada. Si es esto lo que tienes delante, ponte manos a la obra. Te hacemos estas sugerencias para que haya un ambiente tranquilo y por lo tanto… más productivo.

  • Organizar la jornada. Un entorno donde reina la improvisación es un coladero de estrés. Para evitar el caos es importante establecer un orden dentro de la jornada y determinar ciertas prioridades estables (sujetas a revisión por posibles imprevistos). Este equilibrio favorece la autonomía y aclara las expectativas de lo que se espera de cada cual.
  • Delegar, confiar. Permitir que cada trabajador se organice para realizar las tareas que tiene encomendadas aumenta la confianza y el nivel de compromiso. Visto del otro lado, si no se goza de autonomía en los quehaceres y estos están sujetos continuamente a la autorización y supervisión, la ralentización está asegurada y las habilidades y capacidades desperdiciadas. Delegando y confiando se aprovecha al máximo el talento que alberga la empresa.
  • Carga de trabajo. Es importante ajustar las tareas a cada perfil. La carga de trabajo debe ser la adecuada a la formación y capacidad de cada persona. Aunque deben establecerse las prioridades hay que tener en cuenta los ritmos y ser flexible. Si se envían miles de peticiones por email, no se es consciente de la cantidad de trabajo que supone. Reflexionar sobre si el volumen de trabajo es excesivo antes de pedir algo.
  • Mantenimiento de los equipos de trabajo. La fotocopiadora no funciona. El software lleva sin actualizarse desde que Bill Gates era niño. El teléfono no se oye bien y con la conexión que tenemos es imposible realizar una reunión por Skype. El mantenimiento de los equipos de trabajo es crucial para que la jornada se desarrolle en un clima relajado.
  • Mandos intermedios con dotes. La elección de los puestos de supervisión es clave para reducir el estrés. Un buen jefe no es el que más años lleva en la empresa sino el que es asertivo, motiva, ayuda, comprende y es el primero que se pone a trabajar.
  • Respeto de los tiempos. Organizar reuniones operativas en las que se establezca un orden de los temas que se tratarán y los tiempos que se dedicarán a cada uno. Prohibido ponerlas a última hora cuando ya la cabeza está recogiendo a los niños del colegio, haciendo la lista de la compra o soñando con el resultado del partido. Cuidado con el blurring. Si se ha estado contestando correos desde el gimnasio probablemente al día siguiente la disposición no será la mejor.
  • Mejora las condiciones ambientales. Procurar una luz natural adecuada, que haya plantas, tener una buena climatización y ventilación aumentan la serotonina. Conviene establecer horarios de entrada y salida, y proporcionar áreas y tiempos de descanso donde puedan surgir conversaciones no relacionadas con el trabajo.
  • Formación. Para reducir el estrés hay que tener confianza en que se será capaz de hacer lo que se ha encomendado, en que se tiene la pericia suficiente para desempeñarlo. Dejando margen para el autoaprendizaje, se puede mejorar la operatividad si todo el mundo sabe cómo sacarle provecho a Excell o en general al software de la empresa.

El estrés es la principal fuente de empeoramiento de la salud en las empresas. Teniendo en cuenta estos consejos crearemos un entorno de trabajo en confianza y alta productividad y compromiso.