Mucho antes de que la tecnología llegue a los centros comerciales, calles, hogares y oficinas la mente de creadores imagina los objetos que forman parte de sus escenarios futuristas pero  que tiempo después serán de uso cotidiano. Gracias a películas, series de TV o la literatura podemos disfrutar de un adelanto de los objetos que vendrán a hacer que  la vida sea más cómoda. Mucha de esa tecnología del futuro que el cine nos avanzaba ya está aquí formando parte del mundo laboral.

Tabletas y pantallas

El uso de tabletas ya está extendido a prácticamente todas las generaciones. Desde los niños hasta sus abuelos. Su empleo está generalizado tanto en los hogares como en reuniones, congresos y jornadas formativas. Es una herramienta imprescindible para mostrar trabajos y presentaciones. Los pudimos ver casi replicados en la película 2001: Odisea espacial (1968). Kubrick ya mostró en celuloide lo que el autor de la novela Arthur C. Clark ideó: el newspad, un dispositivo calcado a la tableta en la que lees esto.

Reconocimiento facial

Minority report (Steven Spielberg, 2002) era un carrusel de herramientas futuristas de lo más alucinantes. Entre ellas el reconocimiento facial que permitía personalizar la publicidad (y dicho sea de paso financiar la película), reconocimiento del movimiento, los coches autónomos, las interfaces multitáctiles y hasta un dilema ético: el pre-crimen. Sin llegar a averiguar tanto como la posibilidad de que alguien cometa un delito ya existe un software diseñado para descubrir si un candidato miente gracias a la detección de emociones a través del iris del ojo. Se trata del EyeDetect . En este caso se ocupará de detectar las mentiras en el CV y será capaz de calibrar la honestidad de un candidato.

Reconstrucción facial

Impresión 3D

En la mítica serie Start Trek (Gene Roddenberry, 1966-69), la tripulación del Enterprise se servía pizza recién fabricada por el replicator, una máquina que hacía aparecer objetos y comida a demanda. ¿Fueron la inspiración de las impresoras 3D? Quizás. Una empresa española ya ha desarrollado esta funcionalidad nutritiva en impresoras 3D que puede  revolucionar los office en los centros de trabajo.  Seguramente no tardará mucho en formar parte del mobiliario de oficina de donde se podrá sacar el tentempié de turno directamente de la impresora 3D.

La interacción ser humano -máquina

Siri, la aplicación de asistente personal del Iphone o la búsqueda por voz en Google ya permiten una interacción casi tan natural como si habláramos con un humano. El ejemplo que da una vuelta de tuerca a esa relación es la película Her (2013) de Spike Jonze en la que el protagonista se enamora del sistema operativo de su ordenador. Suena tan cercano que parece que mañana nos levantaremos y le pediremos a nuestro portátil que vaya leyéndonos la bandeja de entrada mientras tomamos el café. La revolución en el mundo del trabajo viene de la mano articulada de los robots. Yo, robot (Alex Proyas, 2004) plantea un mundo de androides al servicio de los humanos destinado a realizar las actividades menos gratificantes y mecanizadas de las actividades productivas. Dentro de la industria ya es habitual ver a estos robots integrando las cadenas de montaje.

Oficinas domotizadas

Los lectores de huellas para acceder a los edificios o a las dependencias interiores ya es una realidad en muchas oficinas. El referente lo tenemos en infinidad de películas donde las puertas se abren gracias a lectores de huellas o por reconocimiento facial. Climatización, cierre de persianas, encendido y apagado de luces. Los llamados edificios inteligentes conectados, energéticamente eficientes, llegan a decirte dónde tienes que sentarte para favorecer las relaciones entre todos los empleados y a ponerte el número de cucharaditas de azúcar que te gusta en el café. ¿No es inquietante?